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Un tercio de las urgencias ya son respiratorias y la curva todavía no llega a su punto más alto

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La circulación viral está en su punto más álgido del año. El rinovirus y la influenza A lideran las detecciones, mientras las camas críticas de adultos superan el 92% de ocupación, señala epidemióloga.

El invierno llegó con sus cifras habituales y, también, con algunas señales que los especialistas observan con atención. Durante la semana epidemiológica 20 de este año, casi un tercio de todas las consultas de urgencia en Chile correspondieron a causas respiratorias, el 31,9%, para ser exactos, y la positividad de las muestras analizadas alcanzó el 45,2%. Es decir, casi uno de cada dos test resultó positivo.

«Nos encontramos en el período de mayor actividad respiratoria del año», señala María Jesús Hald, epidemióloga de la Facultad de Medicina de la Universidad Andrés Bello. En Chile, explica, la circulación viral comienza a aumentar en abril, se acelera en mayo y alcanza su punto más alto entre junio y julio. El escenario actual es esperable, pero no por eso menos exigente: varios virus circulan de forma simultánea, y la población más susceptible, como niños pequeños, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas, enfrenta un riesgo real de complicaciones.

Un dato que grafica bien la magnitud del problema, según Hald es que, durante los meses más fríos, una persona puede pasar hasta un 90% de su tiempo en espacios cerrados, lo que aumenta significativamente las oportunidades de contagio.

El mapa viral de este año

El virus que más circula actualmente es el rinovirus, responsable del 40,8% de las detecciones notificadas por el Instituto de Salud Pública. Le sigue la influenza A con el 27,6%, cifra que ha subido de manera sostenida durante las últimas seis semanas. En paralelo, mantienen presencia el Virus Respiratorio Sincicial (VRS), Parainfluenza, Adenovirus, Metapneumovirus e Influenza B.

De acuerdo con la epidemióloga de la UNAB, La evolución del año tiene su propia lógica. Durante marzo predominaba el rinovirus, que suele ser el primero en aumentar al término del verano. En abril comenzó a observarse el ascenso de la influenza A, que pasó de representar cerca del 14,9% de las detecciones a fines de ese mes a cerca del 28% en mayo. Hald anticipa que ese porcentaje probablemente seguirá subiendo durante junio.

Al comparar con años anteriores, el panorama tiene sus particularidades. «El 2022 estuvo marcado por una circulación precoz y muy intensa de VRS que generó alta presión en el sistema pediátrico. El 2023 registró uno de los mayores brotes de influenza de los últimos años. En 2024 y 2025, en cambio, varios virus coexistieron con mayor equilibrio entre sí. Este año destaca nuevamente el rápido ascenso de la influenza A», subraya.

Hay un fenómeno de fondo que, según la académica, explica parte de estos cambios: la pandemia alteró los ciclos estacionales que los epidemiólogos conocían bien. La interrupción de la circulación viral entre 2020 y 2021 modificó parcialmente esos patrones, y desde entonces los virus ya no se comportan con la misma predictibilidad de antes.

Un sistema bajo presión

El aumento de consultas ya se traduce en presión sobre la red asistencial. Las atenciones por infecciones respiratorias agudas bajas crecieron un 8,5% respecto de la semana anterior, con mayor incidencia en menores de un año y escolares.

Las cifras de camas críticas son elocuentes. Las 734 camas críticas pediátricas del sistema integrado registran una ocupación cercana al 67%, mientras que las más de 4.400 camas críticas para adultos superan el 92%.

Desde la perspectiva epidemiológica, uno de los principales desafíos es evitar que los servicios de urgencia se congestionen con cuadros leves. Si eso ocurre, los recursos no llegan con la misma oportunidad a quienes realmente los necesitan.

Cuándo consultar

No todo cuadro respiratorio requiere ir a urgencias, pero hay señales que sí exigen evaluación médica inmediata. Hald menciona dificultad para respirar, respiración rápida, hundimiento de costillas, coloración azulada de labios o dedos, compromiso de conciencia, dolor torácico persistente, fiebre prolongada y deterioro marcado del estado general.

En lactantes, hay que prestar especial atención a la dificultad para alimentarse, las pausas respiratorias y los signos de deshidratación. En adultos mayores, la confusión súbita puede ser la primera señal de una infección grave, incluso antes de que aparezcan síntomas respiratorios evidentes.

El mensaje desde la salud pública, concluye la epidemióloga, es el mismo de siempre, pero no por eso menos urgente: vacunarse, ventilar, y usar la red asistencial de forma adecuada son las herramientas que más vidas pueden proteger este invierno.

 

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