Buscar

La gestión del agua se instala como un nuevo factor de riesgo para las empresas chilenas

Con una trayectoria cercana a los cien años formando profesionales, la PUCV pone a disposición de los estudiantes espacios presenciales y digitales para resolver dudas sobre carreras, puntajes y vida universitaria.

Las crecientes exigencias regulatorias, la presión de inversionistas y los efectos del cambio climático están llevando a las organizaciones a incorporar la gestión hídrica dentro de sus decisiones estratégicas, financieras y operacionales.

Durante años, la gestión del agua fue considerada principalmente un desafío ambiental y operativo. Sin embargo, el escenario actual está obligando a las empresas a replantear esa mirada. Hoy, la disponibilidad hídrica comienza a influir directamente en decisiones de inversión, continuidad operacional, expansión de proyectos, relacionamiento con comunidades e incluso acceso a financiamiento.

En un país que acumula más de una década de megasequía y donde sectores estratégicos como minería, agricultura, energía, alimentos, construcción e industria dependen cada vez más de una gestión eficiente de los recursos naturales, el agua dejó de ser una preocupación exclusiva de las áreas ambientales para transformarse en una variable de negocio.

«La crisis hídrica ya no es una amenaza futura. Es una realidad que está impactando la operación de múltiples sectores productivos y que obliga a las empresas a incorporar nuevas variables de riesgo en su planificación», señala Daniela Corvalán, socia y gerente de Medioambiente de Proyecta Impacto expertos en estrategia y gestión ASG.

De la operación a la estrategia

El cambio más relevante no tiene que ver únicamente con la disponibilidad del recurso, sino con la forma en que las organizaciones están comenzando a gestionar este desafío.

Hasta hace algunos años, las iniciativas relacionadas con agua estaban concentradas en medición de consumos, cumplimiento normativo o proyectos de eficiencia operacional. Hoy la conversación es distinta.

«Las empresas más avanzadas están entendiendo que la gestión hídrica no puede quedar restringida a indicadores operacionales. Debe incorporarse en la evaluación de riesgos, en la toma de decisiones estratégicas y en la planificación de largo plazo», explica Corvalán.

Esta transformación responde a múltiples factores. Por una parte, existe una mayor presión regulatoria asociada al cambio climático y la protección de recursos naturales. Por otra, inversionistas, clientes y mercados internacionales están exigiendo más transparencia respecto a cómo las organizaciones gestionan sus dependencias e impactos sobre la naturaleza.

En este contexto, marcos como TNFD, IFRS S1 y S2, junto con nuevas exigencias de reporte corporativo, están impulsando una visión más integrada de los riesgos asociados al agua.

Una brecha que sigue presente

Si bien el nivel de madurez ha aumentado durante los últimos años, todavía existen brechas importantes.

Muchas empresas ya miden consumos, implementan proyectos de eficiencia o participan en iniciativas como el Certificado Azul impulsado por la Agencia de Sustentabilidad y Cambio Climático. Sin embargo, en numerosos casos la gestión hídrica continúa siendo vista desde una lógica de cumplimiento o desempeño operacional.

«Aún observamos organizaciones donde la información relacionada con agua no está integrada a la estrategia ni a la evaluación de riesgos. La medición es importante, pero el desafío está en transformar esos datos en decisiones que permitan reducir vulnerabilidades y generar resiliencia», sostiene Corvalán.

Según la especialista, las organizaciones que están avanzando con mayor rapidez son aquellas que incorporan análisis de escenarios climáticos, evaluaciones de dependencia e impacto sobre recursos hídricos, y una gobernanza que permite conectar sostenibilidad con estrategia corporativa.

El vínculo con financiamiento y competitividad

Uno de los cambios más relevantes de los últimos años es que los riesgos asociados al agua comenzaron a ser observados también por el sistema financiero. Bancos, inversionistas y aseguradoras están incorporando criterios ESG en sus procesos de evaluación, considerando factores como exposición a estrés hídrico, resiliencia climática y gestión de recursos naturales.

«La gestión del agua ya no tiene implicancias únicamente ambientales. Hoy puede influir en decisiones de inversión, condiciones de financiamiento y percepción de riesgo por parte de distintos actores financieros», explica Corvalán.

La tendencia se alinea con una transformación más amplia de los mercados, donde la sostenibilidad dejó de ser un elemento reputacional para convertirse en un factor asociado a competitividad y continuidad de negocio.

El costo de no actuar

Las consecuencias de una gestión insuficiente son cada vez más evidentes. Restricciones de disponibilidad hídrica, aumento de costos operacionales, conflictos con comunidades, retrasos en proyectos, mayores exigencias regulatorias y pérdida de competitividad son algunos de los riesgos que enfrentan las organizaciones que no avanzan en esta materia.

Pero también existe un riesgo menos visible: quedar rezagadas frente a empresas que ya están incorporando estas variables dentro de su estrategia. «La sostenibilidad y la gestión hídrica dejaron de ser una discusión ambiental. Hoy son capacidades estratégicas que permiten a las organizaciones anticiparse a los cambios del entorno, fortalecer su resiliencia y mantener su competitividad en mercados cada vez más exigentes», concluye Corvalán.

noticias relacionadas

Hasta este domingo: Emprendedores y emprendedoras invitan a visitar la Expo “Mi Papá Superhéroe” de Sercotec

Estos son los principales errores logísticos que amenazan las ventas del Día del Padre

Inteligencia Artificial transforma la industria del seguro en Chile y América Latina

Abierto concurso PAMMA Equipa y Desarrolla 2026 para el fortalecimiento productivo de la pequeña minería