● Durante los meses fríos aumenta el uso de estufas, guateros y líquidos calientes dentro del hogar, elevando el riesgo de quemaduras, especialmente en niños y adultos mayores.
● Evitar remedios caseros, enfriar la zona con agua corriente y consultar oportunamente puede ser clave para reducir complicaciones. Asimismo, existen innovadoras soluciones que permiten reducir el trauma y el dolor en las curaciones, ayudando a resguardar la piel.
Con la llegada de las bajas temperaturas, aumenta la exposición a fuentes de calor dentro del hogar, como estufas, calefactores, cocinas, braseros y guateros. Este escenario eleva el riesgo de quemaduras, una lesión frecuente durante el invierno que requiere una respuesta adecuada desde los primeros minutos para reducir complicaciones y favorecer una mejor recuperación.
Según datos de COANIQUEM, las quemaduras por líquidos hirviendo representan el 56% de las consultas que recibe la institución a nivel nacional, transformándose en la principal amenaza intradomiciliaria del invierno.
Aunque muchas de estas lesiones ocurren en situaciones cotidianas, uno de los principales desafíos es que suelen subestimarse o manejarse de forma incorrecta. “Uno de los errores más frecuentes es subestimar la gravedad de la quemadura. No siempre una lesión pequeña significa una lesión leve. Una quemadura puede ser profunda y afectar zonas críticas como la cara, las manos, los pies o las articulaciones, empeorando su pronóstico de forma severa si ocurre en pacientes vulnerables”, explica Ilia Merino, Clinical Specialist de Solventum.
Quemaduras críticas: una emergencia que puede empeorar con un remedio casero
Frente a una quemadura, la recomendación inicial es interrumpir el contacto con la fuente de calor, enfriar la zona con abundante agua corriente a temperatura ambiente durante varios minutos, cubrir la lesión con un paño limpio y acudir a un centro asistencial, especialmente si compromete zonas sensibles, presenta ampollas o afecta a niños, adultos mayores o personas con enfermedades crónicas. Asimismo, se recomienda evitar aplicar productos sobre la lesión, utilizar algodón directamente sobre la herida o intentar retirar ropa que se encuentre adherida a la piel.
“El gran desafío es que muchos pacientes o cuidadores retrasan la evaluación especializada o realizan manejos empíricos que pueden empeorar drásticamente la lesión, como intentar retirar la ropa que se encuentra adherida a la piel quemada. Cuando finalmente llegan a atención médica, el tejido desvitalizado puede estar más comprometido o presentar un alto riesgo de infecciones críticas”, destaca Ilia Merino, Clinical Specialist de Solventum.
Actualmente, el manejo avanzado de una quemadura grave en una unidad clínica requiere un abordaje integral que incluye el control del dolor, la limpieza de la herida, la protección del lecho de la lesión y la prevención de infecciones. En este contexto, existen terapias innovadoras basadas en coberturas especializadas que ayudan a favorecer la cicatrización y proteger el tejido en formación.
“Proteger el tejido en formación es uno de los principales desafíos en el tratamiento de una quemadura. Coberturas de silicona no adherentes, como Adaptic Touch™, permiten reducir el trauma y el dolor durante las curaciones, ayudando a resguardar la piel en recuperación y favoreciendo una rehabilitación más temprana. Sin embargo, tan importante como contar con alternativas terapéuticas adecuadas es actuar oportunamente frente a una lesión, ya que una intervención precoz puede marcar una diferencia significativa en la evolución clínica del paciente”, señala la especialista.
Aunque los avances en el manejo de heridas han contribuido a mejorar la recuperación de las quemaduras, la prevención continúa siendo la principal herramienta para evitar este tipo de lesiones. Mantener líquidos calientes fuera del alcance de los niños, revisar periódicamente el estado de los guateros y ubicar estufas o calefactores lejos de zonas de tránsito son medidas que pueden ayudar a reducir significativamente los accidentes durante el invierno.