En junio se conmemora el Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez, una fecha que invita a reflexionar sobre el respeto, dignidad y derechos de las personas mayores.
Según el Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA), el maltrato hacia este segmento de la población, corresponde a cualquier acción u omisión que provoque daño o vulnere sus derechos.
Una de las expresiones más frecuentes y menos visibles es el maltrato psicológico. En este ámbito cobra especial relevancia el concepto de edadismo, entendido como los prejuicios, estereotipos y conductas discriminatorias basadas únicamente en la edad. Estas actitudes suelen expresarse de manera cotidiana, por ejemplo, cuando se infantiliza a una persona mayor, se ignora su opinión o limita su participación en decisiones que afectan su propia vida.
Asimismo, persisten diversos mitos asociados al envejecimiento que pueden favorecer la negligencia y la vulneración de derechos. Creer que es “normal” que una persona mayor presente dificultades de memoria, problemas para comunicarse, aislamiento social o tristeza permanente, puede retrasar la detección de condiciones de salud que requieren evaluación e intervención oportuna.
Desde la perspectiva de la Fonoaudiología, estas situaciones adquieren especial relevancia, ya que los cambios asociados a la comunicación, audición, cognición y deglución pueden impactar significativamente la autonomía, participación social y calidad de vida de las personas mayores. Al respecto, es preocupante cómo muchas dificultades comunicativas son normalizadas o atribuidas exclusivamente al envejecimiento. Esta visión limita el derecho a expresar sus necesidades, participar en conversaciones significativas y mantener vínculos sociales activos.
En este escenario, esta área de la salud cumple un rol fundamental en la promoción de entornos comunicativos inclusivos, la detección temprana de alteraciones auditivas, cognitivas y comunicativas, así como en la sensibilización de la comunidad sobre la importancia del buen trato y el respeto por la autonomía de las personas mayores. Avanzar en estas acciones permite contribuir a la construcción de una sociedad más amigable, inclusiva y comprometida con un envejecimiento digno y saludable.
Promover un envejecimiento saludable implica cambiar nuestra mirada sobre la vejez, derribar prejuicios y reconocer que las personas mayores continúan siendo sujetos activos, con experiencia, capacidades y derecho a participar plenamente en la sociedad.