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Influenza B en aumento: Qué síntomas provoca y quiénes corren más riesgo este invierno

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La influenza B comenzó a ganar presencia en plena campaña de invierno. Según el último reporte del Ministerio de Salud (Minsal), este virus se ubicó como el segundo de mayor circulación en el país, en un escenario marcado por el alza de atenciones respiratorias.

La Dra. María Luz Endeiza, infectóloga y académica de la Facultad de Medicina de la Universidad de los Andes (Uandes), explica que la influenza se clasifica en A, B, C y D, aunque las dos primeras son las que circulan habitualmente en humanos. En el caso del tipo B, suele observarse con mayor frecuencia en población escolar.

“En el fondo, la influenza B tiende a afectar más a niños y adolescentes, aunque puede afectar cualquier edad, tiende a ser un poquito más leve, y a veces acompaña, además de síntomas respiratorios, con algunos síntomas digestivos”, señala.

Pese a esa diferencia, la especialista advierte que no se debe asumir que se trata de un cuadro menor. Tanto influenza A como B pueden producir fiebre alta, tos, dificultad respiratoria y dolor muscular intenso. En algunos casos, además, pueden avanzar hacia neumonía u otras complicaciones.

Los grupos que deben tener mayor cuidado son los niños menores de cinco años, las personas mayores de 60 y quienes presentan enfermedades de base, como diabetes, obesidad mórbida, cardiopatías, trastornos neurológicos o enfermedad pulmonar obstructiva crónica.

Por qué suben los casos y cómo prevenir

El aumento de contagios se relaciona con condiciones propias del invierno: más permanencia en espacios cerrados, menor ventilación y contacto cercano entre personas. A eso se suma que las coberturas de vacunación todavía no alcanzan los niveles esperados en algunos grupos de riesgo.

Según Endeiza, la vacuna sigue siendo la principal herramienta preventiva, porque, aunque no impide todos los contagios, sí reduce las complicaciones.

“La prevención número uno es la vacunación. Las vacunas no previenen en forma completa la aparición de síntomas y de enfermar, pero sí claramente disminuyen en forma importante las formas graves, la necesidad de hospitalización y las muertes”, explica.

La académica de la Uandes recalca que aún es recomendable inmunizarse, incluso si la circulación viral ya comenzó. Un brote puede extenderse entre ocho y 10 semanas, mientras que la respuesta inmune tras recibir la dosis tarda entre 10 y 15 días en desarrollarse adecuadamente.

Mientras esa protección se activa, las medidas cotidianas siguen siendo relevantes: usar mascarilla en lugares cerrados, lavarse las manos con frecuencia, evitar compartir vasos o cubiertos y reducir el contacto estrecho con personas enfermas.

“Quiero hacer hincapié en pedir que la gente vaya a vacunarse. Todavía hay tiempo, porque son muchas semanas las que tenemos por delante para enfrentar este y otros virus respiratorios”, concluye la experta.

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