Buscar

Habilidades socioemocionales: el desafío pendiente para niños y adolescentes en regiones

Con una trayectoria cercana a los cien años formando profesionales, la PUCV pone a disposición de los estudiantes espacios presenciales y digitales para resolver dudas sobre carreras, puntajes y vida universitaria.

Experiencias desarrolladas por Good Neighbors Chile en Valparaíso y Ñuble muestran que fortalecer competencias como la empatía, la autoestima o el trabajo en equipo requiere responder a las necesidades específicas de cada territorio, donde el acceso a programas y actividades sigue siendo desigual.

Hablar de salud mental y bienestar infantil ya no puede limitarse a lo que ocurre en Santiago. Mientras en la capital existen más alternativas de apoyo, actividades extracurriculares y espacios de recreación, en muchas comunas de regiones los niños y adolescentes enfrentan una realidad completamente distinta. Las oportunidades para desarrollar habilidades socioemocionales siguen dependiendo, en gran medida, del lugar donde viven.

Esa diferencia es la que Good Neighbors Chile ha observado durante más de una década de trabajo en distintos territorios del país. A través de programas que incorporan cine, robótica, fotografía, educación financiera y actividades vinculadas al cuidado del entorno, la organización ha impulsado experiencias que buscan fortalecer competencias como la empatía, la comunicación, la autoestima, el trabajo colaborativo y la resolución de conflictos.

Su presencia en la Región de Valparaíso se remonta a 2015, mientras que en la comuna de El Carmen, en la Región de Ñuble, mantiene un trabajo permanente desde 2014. La experiencia acumulada les ha permitido constatar que no existe una única fórmula para promover el bienestar de niños y adolescentes. «Cada territorio enfrenta desafíos distintos. Por eso las intervenciones también deben ser distintas», explica Paula Ruiz, coordinadora territorial de Good Neighbors Chile en Valparaíso. En Valparaíso, uno de los principales desafíos está fuera de la sala de clases.

«La ciudad ofrece muy pocos espacios seguros para que niños, niñas y adolescentes puedan jugar, reunirse o simplemente compartir. Faltan áreas verdes, plazas, espacios deportivos y panoramas pensados para ellos. Esa realidad también influye en su desarrollo y bienestar», sostiene Ruiz.

Frente a ese escenario, uno de los programas que impulsa la organización busca fortalecer el vínculo de los estudiantes con el lugar donde viven. A través de Conociendo mi Territorio, los participantes trabajan temas relacionados con el cuidado del medioambiente, la gestión de residuos y la protección de los espacios públicos.
«Cuando un niño comprende que cuidar una quebrada o no botar basura también ayuda a prevenir incendios o proteger su barrio, empieza a desarrollar un sentido de pertenencia con su comunidad. Es un aprendizaje que va mucho más allá del ámbito ambiental», agrega.

En Ñuble, el desafío es acercar oportunidades

La realidad cambia completamente en la comuna de El Carmen. Aquí el trabajo se desarrolla principalmente en sectores rurales, donde las largas distancias y las dificultades de transporte muchas veces limitan el acceso a actividades culturales, tecnológicas o artísticas.

«Muchos estudiantes mantienen un vínculo muy fuerte con su comunidad y con la naturaleza, pero cuentan con menos oportunidades para acceder a experiencias que potencien otras habilidades. Por eso creemos que estos programas deben llegar hasta los territorios y no esperar que los niños sean quienes se trasladen», explica Octavio García, encargado territorial de Good Neighbors Chile en El Carmen.  En esa comuna se desarrollan iniciativas como CreaCine, Robótica Educativa, Capturando Emociones y Educación Financiera, programas que utilizan distintas herramientas para fortalecer habilidades sociales y emocionales de manera cercana y participativa.

Una de las principales conclusiones que ha dejado este trabajo es que las intervenciones tienen mayor impacto cuando consideran la realidad de cada comunidad. No es lo mismo trabajar con estudiantes de una escuela urbana que con niños que viven en sectores rurales o en establecimientos de baja matrícula.

«Uno de los casos que más nos marcó fue la Escuela Atacalco, que en ese momento tenía un solo estudiante matriculado. Este año volveremos para celebrar el Día de la Niñez junto a esa comunidad. Para nosotros, ningún territorio es demasiado pequeño cuando se trata de generar oportunidades para niños y niñas», comenta Juan Pablo Muñoz, gerente de Proyectos Sociales de Good Neighbors Chile.

Más participación, mayor autoestima y mejor convivencia

Los equipos que implementan estos programas coinciden en que los cambios se observan rápidamente dentro de las comunidades educativas.

Los estudiantes participan más, fortalecen su autoestima, desarrollan habilidades para relacionarse con otros y mejoran su capacidad para resolver conflictos. A eso se suma un involucramiento más activo de profesores, apoderados y familias, quienes terminan formando parte del proceso. La respuesta de las escuelas también ha sido positiva. Cada año aumenta el interés por mantener este tipo de iniciativas y extenderlas a nuevas comunidades.

Para Paula Ruiz, el desafío ahora es avanzar hacia una mirada más descentralizada. «No podemos seguir pensando que las necesidades de niños y adolescentes son las mismas en todo Chile. Cada territorio enfrenta realidades distintas y necesita respuestas acordes a su contexto. Si queremos hablar de equidad, también debemos descentralizar las oportunidades para fortalecer las habilidades socioemocionales», concluye.

 

 

noticias relacionadas

 Educación financiera en Chile: programa gratuito abre nueva versión con más de 31 mil inscritos acumulados

Los cortes de carne que protagonizan los sabores más reconfortantes del invierno

Nuevo programa académico: Sostenibilidad e Innovación Social es la primera carrera universitaria de sus características en Chile

Presentan primer cuaderno didáctico con sello territorial para el maritorio subantártico