Hay enfermedades que tienen su origen en las preocupaciones, en las noches sin dormir haciendo cálculos una y otra vez para que el dinero alcance y en la incertidumbre de no saber si será posible pagar las cuentas a fin de mes. El desempleo y la inestabilidad económica no solo afectan el bolsillo: también impactan profundamente la salud física, mental y emocional de las personas.
Muchas veces hablamos de salud pensando únicamente en consultas médicas, medicamentos o tratamientos. Sin embargo, la salud también depende de las condiciones en las que vivimos. Por ejemplo, el trabajo es un determinante social que no solo permite acceder a ingresos estables para cubrir nuestras necesidades básicas, sino que también facilita la integración social, el acceso a la autonomía económica y la participación en la vida comunitaria.
Cuando el trabajo falta o los ingresos dejan de ser suficientes, la preocupación se instala en la vida cotidiana. La incertidumbre se convierte en una carga permanente que acompaña desde que comienza el día hasta que llega la noche y que ocasiona el surgimiento de la ansiedad, tristeza, frustración, irritabilidad y una sensación constante de inseguridad frente al futuro.
Ese desgaste emocional también tiene consecuencias físicas. El estrés sostenido puede provocar alteraciones del sueño, dolores musculares, cefaleas, problemas digestivos, aumento de la presión arterial y un mayor riesgo de desarrollar ansiedad o depresión. El organismo permanece en estado de alerta durante largos períodos y eso termina pasando la cuenta.
La alimentación también suele verse afectada. Cuando el presupuesto es limitado, las familias eligen priorizar alimentos más económicos, aunque sean menos nutritivos. Frutas, verduras, pescados o frutos secos suelen quedar fuera de la lista de compras, mientras aumentan los alimentos ultraprocesados y de menor costo. En este contexto la alimentación deja de ser una elección libre y pasa a ser una decisión condicionada por la realidad económica.
A ello se suma otro problema silencioso: el aislamiento. Muchas personas que se ven enfrentadas al desempleo experimentan sentimientos de vergüenza, culpa o fracaso, alejándose de sus redes de apoyo precisamente cuando más las necesitan. Sin embargo, compartir las preocupaciones, mantener los vínculos familiares y de amistad,y pedir ayuda cuando sea necesario, puede convertirse en un importante factor protector para la salud mental.
Lamentablemente en la mayoría de los casos estos efectos se abordan de manera reactiva, es decir una vez que ya se han hecho presentes, cuando la clave está en actuar antes, mediante el fortalecimiento de políticas de protección social, de empleos dignos y saludables, de entornos laborales que cuiden la salud mental, de facilitar el acceso a alimentación saludable incluso en períodos de dificultad económica y fortalecer las redes comunitarias que disminuyen el aislamiento. Desde Salud Circular creemos que la salud es transversal en todas las políticas públicas. Las decisiones económicas, laborales y sociales también son decisiones sanitarias, porque terminan influyendo directamente en cómo vivimos, enfermamos y envejecemos
Como sociedad, necesitamos comprender que detrás de cada cifra de desempleo existen familias enfrentando incertidumbre, niños y niñas que perciben la preocupación de sus padres, personas mayores que intentan hacer rendir una pensión insuficiente y trabajadores que hacen enormes esfuerzos por salir adelante.
Nadie debería elegir entre pagar una cuenta o alimentarse bien. Nadie debería perder el sueño preguntándose cómo llevará comida a la mesa al día siguiente. La salud también comienza cuando las personas tienen las condiciones básicas para vivir con dignidad, tranquilidad y certezas.
Frente al desempleo, no basta con esperar que las personas sean más resilientes. Necesitamos construir comunidades y políticas que hagan posible vivir saludablemente incluso en tiempos difíciles. Porque cuidar la salud comienza mucho antes de una consulta médica, comienza cuando garantizamos condiciones dignas para vivir, trabajar y proyectar el futuro. Esa es la invitación de Salud Circular: comprender que la salud es una responsabilidad compartida y que solo podremos mejorarla cuando diseñemos sistemas que cuiden a las personas en cada etapa de su vida.