Ante la llegada de nuevos sistemas frontales, especialistas advierten que los daños no dependen solo de la cantidad de lluvia, sino también de la capacidad de las ciudades para captar, conducir y evacuar las aguas lluvia. Desde Australmat destacan la necesidad de entender el drenaje como una infraestructura esencial para prevenir anegamientos, erosión y daños urbanos.
Cada sistema frontal vuelve a poner en evidencia los efectos de las lluvias sobre calles, viviendas, caminos y terrenos. Sin embargo, especialistas advierten que la intensidad de las precipitaciones es solo una parte del problema.
La magnitud de los daños también puede estar relacionada con la capacidad de las ciudades para conducir el agua, el estado de sus sistemas de drenaje, la saturación del suelo y la mantención de canales, rejillas, sumideros y colectores.
“La lluvia no se puede controlar, pero sí podemos planificar mejor el recorrido del agua. Cuando no existe una ruta adecuada, el agua busca otros caminos y puede acumularse, infiltrarse o erosionar sectores que no fueron diseñados para recibir ese caudal”, explica Kevin Salazar Vásquez, ingeniero en construcción especialista en sistemas de drenaje, y gerente general de Australmat.
En zonas urbanas, gran parte del agua cae sobre superficies impermeables, como calles, techos y estacionamientos. Esto reduce la infiltración natural y aumenta la velocidad con que el agua debe ser captada y evacuada.
Si los sistemas son insuficientes, están obstruidos o presentan fallas, pueden producirse anegamientos, desbordes, filtraciones y procesos de erosión.
El drenaje debe funcionar como un sistema
Un sistema eficiente no termina en una rejilla. La captación, conducción, filtración y descarga de agua deben operar de forma integrada, por eso un sistema de drenaje eficiente debe diseñarse considerando factores como: la intensidad de las precipitaciones, las pendientes y características del terreno.
Además, debe considerar la capacidad de los canales y colectores, la ubicación de los puntos de descarga, las condiciones de uso y carga, y la mantención periódica de toda la infraestructura.
“No basta con captar el agua si después no existe capacidad para conducirla. Cada componente debe ser correctamente diseñado, instalado e inspeccionado”, agrega Kevin Salazar Vásquez.
En este contexto, la Estrategia de Ciudades Verdes, publicada a inicio de este 2026 e impulsada por los ministerios de Vivienda y Urbanismo y del Medio Ambiente junto a la FAO, es clave para avanzar hacia una gestión hídrica más sostenible.
La iniciativa promueve ciudades capaces de captar, infiltrar, retener y conducir mejor las aguas lluvia, reduciendo riesgos de inundación y fortaleciendo la resiliencia urbana frente a eventos climáticos extremos.
El caso de Concón y las consecuencias bajo el terreno Los socavones registrados en el campo dunar ubicado entre Concón y Viña del Mar evidenciaron la complejidad que puede alcanzar una emergencia asociada al agua.
Los antecedentes técnicos han considerado la combinación de distintos factores, entre ellos intensas precipitaciones, características altamente erosionables del suelo y problemas en infraestructura de conducción de aguas lluvia.
Aunque un caso de esta magnitud no puede atribuirse a una única causa ni prevenirse mediante un producto aislado, demuestra la importancia de abordar el manejo del agua de manera integral.
Una filtración persistente o una descarga no controlada puede arrastrar partículas del suelo, generar cavidades y reducir progresivamente la estabilidad del terreno. La mantención también es prevención
Muchos problemas de drenaje se originan antes de que comience a llover. Por eso, antes de un evento de precipitaciones es clave revisar bajadas de agua, conexiones y puntos de descarga, detectar grietas, hundimientos o acumulaciones inusuales y solicitar una evaluación técnica ante posibles señales de erosión o movimientos del terreno.
Ciudades más resilientes
Para Australmat, el desafío es avanzar desde una respuesta reactiva hacia una cultura de planificación y prevención.
La empresa, especializada en soluciones de drenaje, impermeabilización y construcción, destaca que cada proyecto requiere un análisis técnico que permita definir los materiales y sistemas más adecuados.
“Cada invierno nos preguntamos cuántos milímetros caerán. También debemos preguntarnos dónde caerá esa agua, por dónde circulará y hacia dónde será evacuada”, concluye Kevin Salazar Vásquez.
En un país expuesto periódicamente a sistemas frontales, inundaciones y procesos de erosión, planificar correctamente el manejo de las aguas lluvia no es solo una decisión técnica. Es una inversión en seguridad, durabilidad y prevención.