Estudio analiza 50 ríos atmosféricos, grandes corredores de humedad que llegan desde el Pacífico, y aborda una pregunta sencilla: ¿por qué algunas tormentas producen más lluvia que otras, aun cuando transportan cantidades similares de humedad?. La investigación fue liderada por Dipjyoti Mudiar, quien realizó su postdoctorado en la UAI, y contó con la participación de Cristian Martinez-Villalobos, doctor en ciencias atmosféricas y oceánicas, académico de la Facultad de Ingeniería y Ciencias UAI e investigador titular de Data Observatory.
Un nuevo estudio muestra que la cantidad de humedad transportada por un río atmosférico no basta por sí sola, para anticipar cuánta lluvia producirá al llegar a Chile. La intensidad de la precipitación también depende de cómo ese aire húmedo interactúa con la temperatura y con el relieve abrupto de los Andes. La investigación liderada por Dipjyoti Mudiar, quien fue investigador postdoctoral de la Universidad Adolfo Ibáñez y que contó con la participación de Cristian Martinez-Villalobos, doctor en ciencias atmosféricas y oceánicas, académico de la Facultad de Ingeniería y Ciencias UAI e investigador titular de Data Observatory, resuelve la pregunta: ¿por qué dos ríos atmosféricos con la misma humedad pueden producir lluvias muy distintas en Los Andes?
El entendimiento que aporta esta publicación cobra especial relevancia ante el sistema frontal que afecta a una buena parte de Chile durante estos días, asociado justamente a un río atmosférico zonal del mismo tipo que analiza el estudio.
El trabajo contó con la participación de Raúl Valenzuela y Roberto Rondanelli, en colaboración con la Universidad de Chile y la Universidad de O’Higgins. Los resultados del estudio fueron publicados en la revista científica internacional Geophysical Research Letters.
Los hallazgos tienen directa relación con las lluvias extremas, las inundaciones y los deslizamientos en Chile. El estudio analizó 50 ríos atmosféricos, grandes corredores de humedad que llegan desde el Pacífico. Para estudiarlos, el equipo utilizó principalmente ERA5, una reconstrucción detallada del estado de la atmósfera que combina observaciones con modelos meteorológicos. A partir de estos datos se identificaron y compararon 50 ríos atmosféricos zonales ocurridos entre 1980 y 2023. El análisis se complementó con registros de rayos y observaciones satelitales de las nubes. Entre los factores más importantes se encuentran la cantidad de humedad transportada, la humedad relativa cerca de la superficie, la intensidad con que asciende el aire y la pendiente del terreno.
«Encontramos que no basta con saber cuánta humedad trae una tormenta. Cuando ese aire húmedo llega a las laderas abruptas de los Andes, la cordillera lo obliga a ascender y enfriarse. Si el aire cercano a la superficie ya está muy húmedo, este proceso favorece un ascenso más intenso, la formación de nubes profundas y precipitaciones mucho mayores», señala Martinez-Villalobos. Los resultados ofrecen además un marco que podría aplicarse al estudio de otras grandes cordilleras, donde la interacción entre los ríos atmosféricos y el relieve también puede favorecer precipitaciones extremas.
Las conclusiones del estudio tienen implicancias para el pronóstico y la gestión de riesgos. Según sus autores, representar mejor estas condiciones locales en los modelos meteorológicos podría ayudar a anticipar dónde y cuándo un río atmosférico tiene mayor potencial de producir lluvias peligrosas, inundaciones o remociones en masa.
«Hay antecedentes que sugieren que El Niño puede favorecer una mayor ocurrencia o intensidad de ríos atmosféricos, aunque hay que ser cautos al atribuirle directamente un evento particular. Lo que sí sabemos es que el sistema frontal que afecta a Chile durante estos días está asociado a un río atmosférico zonal del mismo tipo que analizamos en este estudio», agrega Martinez-Villalobos.
Comprender por qué algunos ríos atmosféricos producen lluvias mucho más intensas que otros puede contribuir a una mejor preparación ante estos riesgos. El estudio muestra que, para estimar la intensidad y la distribución espacial de las precipitaciones, no basta con medir la humedad que transporta la tormenta: también es necesario representar cómo la humedad, la temperatura y el relieve modifican el ascenso del aire sobre los Andes.
Revisa la publicación en el siguiente link: https://doi.org/10.1029/2025GL119839