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Registro de marca internacional: Llegar primero para no pelear después. Por Fernanda López, abogada socia de Cuche López

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Al viralizar el video de una tienda cuyo nombre, logotipo y propuesta comercial eran similares a los de Casaideas, una chilena residente en Francia puso sobre la mesa una realidad que muchas personas desconocen: inscribir una marca en Chile no garantiza su protección en otros países. Cualquier empresa que busque internacionalizarse necesita una estrategia jurídica acorde con su plan de negocios.

Algunos emprendedores asumen que por el solo hecho de registrar su marca ante el INAPI o, simplemente, por haber conseguido una posición relevante en el mercado chileno, la protección en el resto del mundo es automática. Sin embargo, la realidad es muy distinta.

Los derechos marcarios son territoriales. Esto significa que un registro concedido en Chile protege, en principio, dentro del territorio nacional. Sin embargo, tampoco se trata de registrar marcas en todos los países sin criterio alguno, sino de identificar mercados relevantes.

En este contexto, lo primero que hay que tener claro es dónde se venderá, dónde se fabricará, dónde habrá distribuidores, dónde existirá exposición digital y dónde podría surgir un riesgo comercial concreto. El paso siguiente es aprovechar herramientas como el Sistema de Madrid, administrado por la OMPI, que permite solicitar protección marcaria en múltiples países mediante un procedimiento ordenado y eficiente.

No obstante, estos mecanismos no hacen que la protección sea automática ni universal. Cada solicitud debe evaluarse por país, al igual que las clases de productos o servicios involucrados y las reglas de cada jurisdicción. En este ámbito, el tiempo es crítico, porque cuando un tercero se adelanta para registrar primero una marca en otro país, el escenario cambia radicalmente. Y es que las acciones para recuperar, invalidar o limitar ese registro suelen ser más largas, costosas e inciertas que aquellas asociadas a una solicitud preventiva oportuna.

Registrar una marca no es un gasto administrativo más, es invertir en uno de los activos intangibles más valiosos de la empresa, pues, concentra la reputación, la confianza de los consumidores y buena parte del valor del negocio. Basta con dimensionar el costo financiero y reputacional que implica verse obligado a cambiar de nombre, modificar una identidad visual o enfrentar un conflicto en un mercado extranjero, para comprender la relevancia de hacer el registro.

En un entorno hiperconectado, donde el comercio electrónico y las redes sociales pueden hacer conocida una marca internacionalmente, mucho antes de que abra su primera tienda física fuera del país, la protección jurídica no puede seguir siendo únicamente local. Pero, quizás el mejor aprendizaje que nos dejó lo sucedido en Francia con la marca chilena creada por Mauricio Russo y Claudia Venegas, en los años noventa, es el valor de anticiparse. Porque pese a que llegar primero no siempre asegura vender más, hacerlo podría evitar tener que salir a pelear por un tesoro que ya era propio.

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