Ante los sistemas frontales que han aquejado a gran parte del país, el cuidado de los espacios naturales resulta crucial para evitar mayores consecuencias asociadas con las precipitaciones causadas por el fenómeno de “el niño”.
Marcado por las lluvias, julio se ha posicionado como uno de los meses más húmedos del último tiempo, de acuerdo a las autoridades este tipo de precipitaciones no se han visto desde 1997, lo que ha conllevado una cantidad de 101.5 mm de agua caída solamente en Santiago, cifra que solo fue superada en 1987.
De acuerdo con los expertos, este tipo de eventos se debe a la llegada del fenómeno del “niño” el que caracteriza a tener inviernos más cálidos y lluviosos, mientras que en la etapa veraniega las temperaturas pueden alcanzar cifras récord, algo que aumentaría la posibilidad de incendios forestales.
Ante esta realidad, la conservación del bosque nativo se posiciona como una estrategia fundamental para avanzar hacia territorios más resilientes y preparados frente al cambio climático. Estos ecosistemas cumplen funciones esenciales para el equilibrio ambiental, protegiendo los suelos, regulando el ciclo del agua y contribuyendo a la adaptación de los paisajes frente a condiciones cada vez más extremas.
Durante los períodos de mayores precipitaciones, los bosques nativos actúan como reguladores naturales del agua. La cobertura vegetal disminuye el impacto directo de la lluvia sobre el suelo, mientras que sus raíces favorecen a mantener la estabilidad del terreno, reduciendo procesos de erosión. A su vez, los suelos saludables tienen una mayor capacidad de almacenar agua, los que permiten sostener la humedad del terreno.
Por otro lado, esta capacidad resulta especialmente importante durante los meses secos. En escenarios de altas temperaturas y sequía, los bosques contribuyen a mantener condiciones ambientales más equilibradas, favorecen la conservación de la biodiversidad y fortalecen la capacidad de los ecosistemas para enfrentar eventos extremos como los incendios forestales.
“La conservación del bosque nativo no es solo una acción ambiental, es una estrategia de adaptación climática. Cada hectárea protegida representa una oportunidad para conservar agua, capturar carbono, proteger la biodiversidad y mantener la capacidad natural de los territorios para recuperarse frente a eventos extremos”, comenta el gerente de operaciones de Genau Green, Camilo González.
De esta forma, las intensas precipitaciones invernales impulsadas por El Niño abren paso a la alerta ante un escenario estival que se proyecta marcadamente seco y con elevado riesgo de incendios. Frente a este panorama, especialistas reiteran el llamado a un uso responsable de las zonas boscosas y a priorizar la conservación de estos ecosistemas como una herramienta clave para la protección territorial en el contexto del cambio climático.