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Tabaquismo: un desafío pendiente para la salud pública. Por MSc. Sergio Oróstica Vega, Académico Escuela de Enfermería, Universidad San Sebastián

El tabaquismo es una de las principales amenazas para la salud pública. Aunque durante las últimas décadas se han logrado avances importantes en regulación, campañas preventivas y restricciones al consumo, el tabaco continúa siendo responsable de millones de muertes cada año.

El tabaquismo no solo perjudica a quienes consumen cigarrillos. También impacta a las personas expuestas al humo, especialmente niños, adultos mayores y pacientes con enfermedades crónicas. A nivel mundial, más de siete millones de personas fallecen anualmente por causas relacionadas con el tabaco, incluyendo cerca de un millón y medio de personas no fumadoras expuestas al humo ajeno.

En Chile, las cifras continúan siendo preocupantes. La última Encuesta Nacional de Salud evidenció que el mayor consumo se concentra entre personas de 25 y 44 años, precisamente en una etapa de alta productividad laboral y desarrollo familiar. Asimismo, una proporción importante de fumadores presenta alta dependencia a la nicotina, situación que dificulta abandonar el hábito, pese a que cerca de la mitad declara haber intentado dejar de fumar durante el último año.

Frente a esta realidad, el país ha desarrollado importantes estrategias regulatorias. La Ley N.º 20.660, promulgada en 2013 y que modifica la Ley del Tabaco N.º 19.419, estableció la prohibición de fumar en espacios cerrados de acceso público, como restaurantes, pubs, centros de salud, universidades y transporte público. Además, incorporó restricciones a la publicidad y promoción de productos asociados al tabaco, prohibió la venta a menores de edad y limitó la comercialización de cigarrillos sueltos. Estas medidas han permitido avanzar en la protección de la población frente a la exposición al humo del tabaco y disminuir la normalización social de su consumo.

No obstante, el desafío persiste también en espacios abiertos altamente concurridos, donde la exposición pasiva continúa siendo frecuente, especialmente en niños y adolescentes. Por ello, resulta necesario continuar fortaleciendo las políticas de prevención, educación y promoción de ambientes libres de humo.

Otro aspecto relevante corresponde a las estrategias de apoyo para quienes desean dejar de fumar. En este contexto, el sistema GES incorporó la cesación del consumo de tabaco para personas mayores de 25 años con alta dependencia e intención de abandono, garantizando acceso a diagnóstico, tratamiento y seguimiento profesional. Esta medida constituye un avance significativo, entendiendo que dejar de fumar no depende únicamente de la voluntad individual, sino también del acceso oportuno a apoyo clínico y acompañamiento integral.

Es importante reflexionar sobre el impacto sanitario, social y económico que continúa generando el tabaquismo. Reducir su consumo requiere mantener políticas públicas firmes, fortalecer la educación en salud y avanzar hacia comunidades más conscientes y comprometidas con el bienestar colectivo.

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