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Día del Niño ¿En qué fijarse para comprar un regalo seguro? Por César Vargas Rojas, académico de Derecho y experto en derechos del Consumidor de la UNAB

Cada año, con motivo del Día del Niño, miles de familias recorren tiendas físicas y plataformas digitales en búsqueda del regalo perfecto. La ilusión de ver sonreír a un hijo, una hija, un nieto o una nieta suele convertirse en el principal motor de compra, sin embargo, en medio de las ofertas, descuentos y promociones, existe un aspecto que no debemos pasar por alto y se centra en la seguridad y publicidad consumeril.

Los niños constituyen uno de los grupos más vulnerables dentro de las relaciones de consumo. Su curiosidad natural, su constante exploración del entorno y la falta de conciencia sobre los riesgos hacen que cualquier defecto de fabricación o incumplimiento de estándares de seguridad pueda tener consecuencias graves. Precisamente por ello, la responsabilidad de elegir productos seguros recae principalmente en los adultos, quienes deben adoptar decisiones de consumo informadas y responsables.

En Chile existe una creciente preocupación por la circulación de juguetes, artículos electrónicos, accesorios infantiles y otros productos que no cumplen con las normas de seguridad exigidas por la autoridad. Muchas veces, estos artículos ingresan al mercado a través de canales informales o plataformas digitales donde resulta difícil verificar su origen, certificación y condiciones de fabricación.

La preocupación por la especial vulnerabilidad de los niños en el mercado no es nueva y eso se visualiza en el hecho de que, durante décadas, distintas estrategias comerciales buscaron incentivar el consumo infantil mediante premios, juguetes y artículos coleccionables asociados a determinados productos o marcas. Muchos adultos recuerdan con nostalgia las sorpresas incluidas en los tradicionales Huevos Kinder o las recordadas promociones de «El Tesoro de Copec» durante la década de 1990, iniciativas que lograron captar exitosamente la atención de generaciones completas de niños, siendo en consecuencia, campañas forman parte de la memoria colectiva de muchos consumidores, pero también evidencian cómo la publicidad dirigida a menores posee una capacidad de influencia particularmente intensa sobre sus decisiones de consumo.

Precisamente por ello, el ordenamiento jurídico ha evolucionado hacia mecanismos de protección cada vez más exigentes. Un ejemplo claro es la Ley de Etiquetado de Alimentos, que establece importantes restricciones a las estrategias promocionales dirigidas a menores de edad. Actualmente, la normativa prohíbe incorporar juguetes, premios, incentivos promocionales o cualquier otro mecanismo destinado a atraer la atención de niños y adolescentes en alimentos que presenten sellos de advertencia nutricional y cuya publicidad se encuentre orientada a menores de 14 años, motivo pro el cual, ya no podemos adquirir los famosos y nostálgicos Huevos con sorpresa, o para quienes somos más antiguos, el cofre misterioso de COPEC de los años noventa. La finalidad de esta regulación es evitar que la decisión de consumo de productos altos en azúcares, grasas saturadas, sodio o calorías se vea influenciada por la expectativa de obtener un premio, privilegiando así criterios de salud y bienestar por sobre incentivos puramente comerciales.

Por esta razón, uno de los principales consejos para los padres y apoderados es adquirir productos en el comercio establecido y exigir información clara, veraz y oportuna. Los productos destinados a niños deben contar con certificaciones que acrediten el cumplimiento de los estándares de seguridad exigidos por la normativa vigente. Si un producto carece de etiquetado adecuado, información sobre su fabricante o importador, instrucciones de uso o advertencias de seguridad, estamos frente a una señal de alerta que no debería ser ignorada.

Otro aspecto relevante dice relación con las compras por internet. Si bien el comercio electrónico ofrece comodidad y una gran variedad de alternativas, también exige mayores niveles de precaución por parte de los consumidores, por lo que antes de efectuar una compra, resulta siempre recomendable verificar la identidad del proveedor, revisar su reputación y confirmar que el producto cumple con la normativa aplicable en Chile e incluso, extremar las medidas de seguridad cibernética para realizar la compra digital. La ausencia de información sobre certificaciones o estándares de seguridad debiese motivar al consumidor a buscar alternativas que otorguen mayores garantías.

Por su parte, tratándose de productos eléctricos, estos merecen una atención especial. En Chile, todo producto que implique conexión al sistema eléctrico, tales como scooters o patinetas eléctricas, cargadores, lámparas infantiles, consolas de videojuegos y otros dispositivos similares, debe contar con las certificaciones exigidas por la Superintendencia de Electricidad y Combustibles (SEC). Un producto que no ha sido debidamente certificado puede provocar cortocircuitos, sobrecalentamientos, quemaduras o incluso incendios, generando riesgos que la regulación precisamente busca prevenir.

En cuanto a la seguridad, también implica para el consumidor mantenerse informado. Los defectos de un producto no siempre son detectados al momento de su comercialización dado que, en muchos casos, estos se identifican una vez que el producto ya se encuentra distribuido entre los consumidores. Para tales situaciones, existen mecanismos de alerta, retiro del mercado y campañas de reparación o reemplazo, destinadas a prevenir daños futuros. En este ámbito, el Servicio Nacional del Consumidor (SERNAC) desempeña una función especialmente relevante al divulgar alertas de seguridad respecto de productos potencialmente peligrosos y coordinar acciones preventivas con proveedores y autoridades sectoriales, por lo que el llamado es estar alerta, revisando constantemente la página web del SERNAC.

En definitiva, la protección de la infancia en las relaciones de consumo no se limita únicamente a evitar riesgos derivados de defectos de fabricación, sino que también comprende la existencia de reglas destinadas a proteger a los niños frente a prácticas comerciales especialmente persuasivas y a garantizar que los productos destinados a ellos cumplan adecuados estándares de calidad, información y seguridad. En una fecha tan significativa como el Día del Niño, resulta oportuno recordar que el mejor regalo no es necesariamente el más costoso ni el más llamativo, sino aquel que permite a los niños desarrollarse, aprender y disfrutar en condiciones seguras.

 

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