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La historia de los estudiantes del Instituto Nacional que llevaron al país a subir diez puestos en el ranking mundial

Tomás Rodríguez y Carlos Velásquez integraron la selección chilena que participó en la 67ª Olimpiada Internacional de Matemática (IMO), disputada en Shanghái. Su desempeño permitió que Chile avanzara diez posiciones en la clasificación mundial, un logro que también pone en valor el trabajo formativo que realiza la Academia de Matemáticas del Instituto Nacional.

Hace algunos años, Tomás Rodríguez jamás habría imaginado que algún día representaría a Chile en la competencia de matemáticas más importante del mundo. De niño, las notas en esta asignatura no eran precisamente su fortaleza: llegó a obtener calificaciones tan bajas como un 2.

Todo cambió cuando cursaba quinto básico. Descubrió que detrás de los números había desafíos, creatividad y una forma distinta de pensar. Esa curiosidad terminó convirtiéndose en una pasión que transformó completamente su trayectoria escolar.

Hoy, ese mismo estudiante integró la selección nacional que representó al país en la 67ª Olimpiada Internacional de Matemática (IMO), uno de los certámenes escolares más prestigiosos del planeta.

Junto a él estuvo Carlos Velásquez, también estudiante del Instituto Nacional, quien acumula una destacada trayectoria en competencias matemáticas nacionales e internacionales. Pero su aporte va mucho más allá de las medallas: dedica parte importante de su tiempo a preparar y acompañar a nuevas generaciones de estudiantes que buscan seguir el mismo camino. El comenta que quiere ser Ingeniero en Matemáticas.

El trabajo de ambos, junto al resto de la delegación chilena, permitió que el país escalara diez posiciones en el ranking internacional, alcanzando el puesto 96 entre las naciones participantes.
Tomás cursa 3° Medio y cuando egrese del liceo quiere estudiar Licenciatura en Matemáticas. Carlos, en tanto, está en 4° medio y ésta es su segunda participación en este certamen y quiere estudiar Ingeniería.

Un semillero de talentos

Las historias de Tomás y Carlos tienen un punto en común: ambos forman parte de la Academia de Matemáticas del Instituto Nacional, un espacio donde cerca de un centenar de estudiantes desarrolla habilidades de razonamiento, resolución de problemas y pensamiento lógico, preparándose para competencias nacionales e internacionales.

Llegar hasta allí no es un proceso sencillo, sino el resultado de años de preparación. Según explicó el docente Luis Rodríguez, uno de los responsables formativos de la Academia de Matemáticas del Instituto Nacional, “la participación en las Olimpiadas Nacionales de Matemáticas es la puerta de entrada. En esa instancia compiten alrededor de 5 mil estudiantes de todo el país, de los cuales solo entre 100 y 200 son seleccionados. Posteriormente, cerca de 20 obtienen medallas, los que rinden una prueba de selección para integrar el equipo que representará a Chile en una competencia internacional. Este año, dos de nuestros estudiantes lograron clasificar a esas olimpiadas, algo que no ocurría desde 1997”.

Agregó que el objetivo de la academia va mucho más allá de ganar competencias, la experiencia tiene un impacto que acompaña a los estudiantes durante toda su vida. “También les abre puertas para desarrollarse profesionalmente, acceder a mejores oportunidades universitarias y, muchas veces, cambiar el rumbo de sus vidas”.

Mucho más que resolver problemas

La participación chilena en la Olimpiada Internacional de Matemática constituye uno de los mayores desafíos académicos para estudiantes de enseñanza media. Cada año, miles de jóvenes alrededor del mundo buscan un cupo en una competencia donde el pensamiento creativo y la perseverancia pesan tanto como los conocimientos matemáticos.

En ese escenario, que dos estudiantes de un establecimiento público del SLEP Santiago Centro lleguen a integrar la selección nacional vuelve a poner en evidencia el potencial de la educación pública chilena cuando existen espacios de formación de excelencia.

Las historias de Tomás Rodríguez y Carlos Velásquez demuestran que el talento puede construirse, que la perseverancia puede cambiar un destino y que una academia escolar puede convertirse en la puerta de entrada hacia oportunidades que trascienden las salas de clases.

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