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Gastos silenciosos: cinco fugas de dinero que pueden desordenar el presupuesto

Suscripciones que ya no se usan, comisiones bancarias y compras pequeñas repetidas durante la semana pueden restar capacidad de ahorro sin llamar la atención. Life Academy entrega una guía para detectarlas y recuperar el control de los gastos cotidianos.

Un café camino al trabajo, un pedido por aplicación, una membresía que se renueva sola o una comisión mensual parecen montos menores por separado. El problema surge cuando se acumulan y ocupan una parte relevante del presupuesto sin que la persona pueda explicar con claridad en qué gastó su dinero.

Revisar estas “fugas” cobra importancia cuando el costo de vida sigue presionando a los hogares. En junio, el Índice de Precios al Consumidor no registró variación mensual, pero aumentó 4,3% en 12 meses. Además, la tasa de desocupación nacional llegó a 9,4% en el trimestre marzo-mayo de 2026, 0,5 puntos porcentuales más que un año antes.

“Los gastos silenciosos no siempre responden a una mala decisión. Muchas veces son pagos que se mantienen por costumbre, cargos que dejamos de revisar o compras pequeñas que parecen inofensivas. El primer paso no es prohibirse todo, sino saber cuánto suman y decidir si siguen teniendo sentido”, explica Liza Salinas, Branch Business Director Liberty Finance-Life Academy Official Marketing Partner.

Para identificar y reducir estos gastos silenciosos, Life Academy entrega cinco recomendaciones prácticas:

  1. Revisar las suscripciones. Conviene anotar plataformas de streaming, aplicaciones, almacenamiento digital, videojuegos, gimnasios y membresías de despacho. La pregunta no es solo si se usan, sino con qué frecuencia. Si un servicio lleva semanas sin utilizarse, puede cancelarse o cambiarse por un plan más económico.
  2. Mirar las comisiones bancarias. Las cartolas permiten identificar cobros por mantención, líneas de crédito, tarjetas, avances y otras operaciones. La CMF señala que las cuentas corrientes y las tarjetas pueden tener costos de administración, mantención y uso. Por eso, conviene comparar el plan contratado con su utilización y consultar alternativas cuando los cargos ya no se justifican.
  3. Registrar las compras hormiga. Cafés, colaciones, transporte por aplicación, delivery y compras rápidas en tiendas de conveniencia o el supermercado de la esquina suelen pasar inadvertidos. Anotarlos durante dos semanas permite conocer su costo total. No se trata de eliminarlos, sino de decidir cuánto se quiere destinar a ellos.
  4. Fijar un límite semanal. Dividir en cuatro semanas el monto disponible para gastos variables ayuda a detectar a tiempo cuándo se está gastando de más. Crear una categoría separada para alimentación fuera del hogar, entretención y compras personales evita utilizar dinero destinado al pago de cuentas o al ahorro.
  5. Poner una pausa a las compras impulsivas. Antes de pagar, puede aplicarse una regla simple: esperar 24 horas si el gasto no estaba planificado. También sirve eliminar las tarjetas guardadas en aplicaciones y desactivar las notificaciones de ofertas, para reducir las decisiones tomadas por apuro.

“Ordenar el presupuesto no significa renunciar a todos los gustos. Significa distinguir cuáles aportan valor y cuáles se mantienen sin una decisión consciente. Cuando las personas conocen sus hábitos, pueden liberar recursos para ahorrar, pagar deudas o afrontar gastos importantes”, agrega Salinas.

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