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En Latinoamérica, la economía del cibercrimen ya supera a otras industrias

El coste global del cibercrimen superará los 12 billones de dólares en 2026, consolidándose como una de las mayores economías ilícitas del mundo. Las compañías de América Latina se enfrentan a un panorama de amenazas sofisticado, registrando una media de 2.803 ataques semanales, el 40% más que la media global. Las API son el objetivo principal de la economía del cibercrimen por funcionar como autopistas directas hacia bases de datos críticas.

El cibercrimen opera en Latinoamérica como una industria ilícita altamente rentable y se ha convertido en el epicentro del crecimiento global de los ataques. A diferencia de los hackers aislados del pasado, el cibercrimen funciona como una red de organizaciones delictivas estructuradas (conocida como Cybercrime-as-a-Service o CaaS) que se posiciona como la tercera mayor economía del planeta, después de Estados Unidos y China.

Según las estimaciones de Cybersecurity Ventures, el coste global del cibercrimen superará los 12 billones de dólares en 2026. Para 2031, los daños económicos proyectados se duplicarán hasta alcanzar la cifra de entre 23 y 24 billones de dólares estadounidenses.

Al respecto, Juan Carlos Rivera, Security Advisor para Akamai Latinoamérica, advierte de que las organizaciones criminales ya no improvisan; operan con la disciplina de una empresa tecnológica moderna. Utilizan automatización, inteligencia artificial, especialización, cadenas de suministro y modelos de negocio escalables para maximizar sus ingresos y reducir sus costos operativos.

Las compañías de la región se enfrentan a un panorama de amenazas sofisticado, con una media de 2803 ataques semanales, lo que representa un 40% más que la media global. Esta tendencia al alza en los incidentes ha elevado el coste medio por fuga de datos a 3,81 millones de dólares, consolidando el desafío de la ciberseguridad como una prioridad urgente.

Latinoamérica ha emergido como un punto focal para las organizaciones delictivas globales, que operan en un ecosistema altamente organizado y rentable. Como explica Juan Carlos Rivera, los grupos de cibercrimen han adoptado prácticas propias del mundo corporativo para hacer sus operaciones más eficientes, escalables y rentables. El cibercrimen actual se sustenta en varios pilares:

  • Ransomware como servicio (RaaS): los desarrolladores de software crean el código malicioso y lo alquilan a “afiliados” a cambio de un porcentaje de las ganancias (generalmente entre el 20% y el 30%).
  • Cadenas de suministro especializadas: división estricta del trabajo en la que un grupo roba credenciales, otro las valida, un tercero despliega el malware y un cuarto lava el dinero.
  • Atención al cliente y negociación: centros de llamadas dedicados exclusivamente a guiar a las víctimas sobre cómo comprar criptomonedas y realizar los pagos para recuperar su información.

“La irrupción de la inteligencia artificial ha introducido métodos altamente sofisticados en el cibercrimen de América Latina, incrementando de manera exponencial la escalabilidad de los ataques mediante la automatización. Destacan, por un lado, el uso de modelos de lenguaje para la redacción masiva de correos fraudulentos personalizados y multilingües y, por otro, la clonación de voz y vídeo para simular órdenes ejecutivas o secuestros virtuales”, añade Rivera.

La economía del cibercrimen ha encontrado en las API (interfaces de programación de aplicaciones) una mina de oro. Las API concentran hoy la mayor parte del valor digital de una organización: transacciones, identidad, pagos, inteligencia artificial y datos críticos. Proteger las API ya no significa proteger únicamente una interfaz; significa proteger el negocio.

Según el informe de seguridad SOTI 2026: Aplicaciones, API y DDoS de Akamai, las API se han convertido en la superficie de ataque dominante para las empresas modernas, con un aumento interanual del 113% en el número promedio de ataques diarios a API. Aproximadamente el 61% de los ataques a API en 2025 involucraron flujos de trabajo no autorizados y actividad anormal, frente al 30% en 2024. El crecimiento de la IA agéntica ha amplificado esta tendencia, lo que reafirma que asegurar la IA significa asegurar las API.

Comprender la mentalidad, la forma de operar y el modelo de negocio de los grupos ciberdelictivos es fundamental para diseñar estrategias de ciberseguridad eficaces, priorizar las inversiones y anticiparse a unas amenazas cada vez más complejas. Analizar cómo funciona su economía, cuáles son sus incentivos y cómo evolucionan sus métodos permite construir una defensa más sólida y adaptativa para proteger el negocio digital. En este contexto, las organizaciones deben identificar y proteger sus datos más valiosos, realizar pruebas de penetración de forma continua para detectar vulnerabilidades, validar estrictamente la identidad de usuarios y dispositivos, impulsar programas de concienciación frente a la ingeniería social y el phishing, mantener copias de seguridad desconectadas de la red para mitigar el impacto del ransomware, monitorizar posibles filtraciones de credenciales o datos corporativos en la web y emplear herramientas de detección inteligente que permitan identificar y contener los ataques en el menor tiempo posible.

En un entorno donde el atacante ya opera como una empresa, las organizaciones deberán responder con plataformas inteligentes capaces de anticiparse, adaptarse y mantener la continuidad del negocio incluso bajo condiciones de ataque.

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