– Especialista advierte que las bajas temperaturas pueden elevar la presión arterial, afectar el control de la diabetes y aumentar el riesgo de complicaciones respiratorias y cardiovasculares.
Las intensas lluvias, el descenso de las temperaturas y los cambios bruscos de clima que han marcado las últimas semanas en distintas zonas del país no solo obligan a abrigarse. Para miles de personas que viven con hipertensión, diabetes u otras enfermedades crónicas, el invierno también representa una temporada de mayor riesgo para la salud.
Aunque el frío por sí solo no provoca estas patologías, sí puede generar exigencias adicionales al organismo y favorecer descompensaciones, especialmente cuando los tratamientos no se siguen adecuadamente o existen dificultades para mantener los controles médicos.
Patricia Donoso, directora de la carrera de Enfermería de la Universidad Andrés Bello, sede Viña del Mar, explica que el cuerpo humano activa diversos mecanismos para conservar el calor que pueden afectar directamente a los pacientes con enfermedades crónicas. “Cuando una persona se expone a bajas temperaturas, los vasos sanguíneos se contraen para evitar la pérdida de calor. Esta respuesta puede elevar transitoriamente la presión arterial y aumentar el trabajo que debe realizar el corazón. En personas con hipertensión, enfermedades cardiovasculares o renales, especialmente si no están bien controladas, esta situación puede favorecer una descompensación”, señala.
La situación también puede resultar compleja para quienes viven con diabetes. “Durante el invierno suelen modificarse las rutinas de alimentación, disminuye la actividad física y muchas veces se relajan los controles habituales. Además, las infecciones respiratorias pueden elevar los niveles de glucosa y dificultar el control metabólico”, explica la académica de la UNAB.
El invierno, doble riesgo
A las exigencias que genera el frío se suma la alta circulación de virus respiratorios característica de esta época del año.
La influenza, el virus respiratorio sincicial, el COVID-19 y otros agentes infecciosos pueden afectar con mayor intensidad a quienes presentan enfermedades preexistentes. “Las personas con enfermedades crónicas tienen más probabilidades de presentar complicaciones cuando desarrollan una infección respiratoria. Por eso es tan importante prevenir, vacunarse y mantener un control adecuado de sus patologías de base”, afirma Patricia Donoso.
En el caso de quienes padecen asma, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) u otras patologías respiratorias, el problema puede comenzar incluso antes de una infección. “El aire frío y seco puede irritar las vías respiratorias y provocar tos, sensación de pecho apretado, silbidos o dificultad para respirar. Eso puede generar crisis respiratorias o empeoramiento de enfermedades ya diagnosticadas», advierte la profesional.
Errores que más se repiten
Cada invierno los equipos de salud observan conductas que pueden incrementar el riesgo de descompensación.
Uno de los errores más frecuentes es suspender los medicamentos porque la persona se siente bien. “Muchas veces los pacientes dejan de tomar sus tratamientos porque creen que su enfermedad está controlada. Sin embargo, justamente el control se logra gracias a la adherencia terapéutica. Nunca se deben modificar o suspender medicamentos sin indicación profesional”, enfatiza la directora de Enfermería UNAB.
Otro problema habitual es la automedicación. “Algunos descongestionantes, antiinflamatorios o preparados para tratar síntomas del resfrío pueden elevar la presión arterial, alterar la glicemia, favorecer la retención de líquidos o interactuar con tratamientos que ya está utilizando el paciente”, explica.
A ello se suma la tendencia a postergar controles médicos debido al frío o la lluvia. “Es importante entender que las enfermedades crónicas requieren seguimiento permanente. Si una persona no puede asistir a un control, debe comunicarse con su centro de salud para reprogramarlo, pero no simplemente dejar pasar la atención”, señala.
12 consejos
Frente a las bajas temperaturas, Patricia Donoso entrega una serie de recomendaciones para disminuir riesgos y evitar complicaciones.
1. Mantener los tratamientos: Tomar siempre los medicamentos en los horarios y dosis indicados.
2. No suspender controles médicos: Asistir a las consultas programadas o reagendarlas en caso de inconvenientes climáticos.
3. Monitorear la enfermedad: Controlar la presión arterial o los niveles de glicemia según las indicaciones médicas.
4. Mantener las vacunas al día: Especialmente contra influenza, COVID-19 y neumococo cuando corresponda.
5. Abrigarse correctamente: Vestirse por capas y proteger cabeza, cuello, manos y pies.
6. Evitar cambios bruscos de temperatura: Limitar la exposición prolongada al frío, especialmente durante las primeras horas de la mañana y la noche.
7. Continuar realizando actividad física: Preferentemente en espacios protegidos y evitando esfuerzos intensos en ambientes muy fríos.
8. Cuidar la alimentación: Reducir el consumo de sal, azúcares y alimentos ultraprocesados.
9. Mantener una adecuada hidratación: Aunque exista menos sensación de sed.
10. Ventilar los espacios: Renovar el aire diariamente y evitar ambientes contaminados con humo.
11. Proteger especialmente los pies en personas con diabetes: Revisar diariamente la piel y evitar el contacto directo con fuentes de calor.
12. Contar con medicamentos suficientes: Mantener reservas para enfrentar períodos de lluvia intensa o dificultades de desplazamiento.
La especialista recalca que las personas con enfermedades crónicas deben estar atentas a cualquier cambio significativo respecto de su estado habitual. “No es necesario acudir a una urgencia por cada síntoma leve, pero sí resulta fundamental consultar cuando aparece un cambio importante en la condición de salud o existe una descompensación evidente», explica.
Entre las señales que requieren atención médica inmediata se encuentran:
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Dificultad para respirar o sensación de ahogo.
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Dolor opresivo en el pecho.
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Desmayos o pérdida de conciencia.
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Confusión repentina.
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Pérdida de fuerza en una parte del cuerpo.
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Alteraciones severas de la glicemia.
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Hinchazón importante de piernas.
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Empeoramiento brusco de enfermedades respiratorias.
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Fiebre persistente acompañada de deterioro general.
“Esperar a que los síntomas sean extremadamente intensos puede retrasar el tratamiento oportuno. Ante un cambio importante, especialmente en personas mayores o con varias enfermedades crónicas, siempre es recomendable consultar”, afirma Donoso.
Más que abrigarse
Los especialistas coinciden en que la protección durante el invierno va mucho más allá de usar ropa gruesa o evitar la lluvia. Mantener los tratamientos, controlar las enfermedades crónicas, vacunarse y reconocer oportunamente los signos de alerta puede marcar una diferencia importante en la salud y prevenir complicaciones graves.
“El autocuidado es una herramienta fundamental. Las personas con enfermedades crónicas pueden atravesar el invierno de manera segura si mantienen sus controles, siguen las indicaciones de sus equipos de salud y consultan oportunamente cuando detectan cambios en su condición habitual”, concluye Patricia Donoso.