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Estudiantes USS apoyan a jóvenes en su transición hacia la vida adulta

El Proyecto Colaborativo de Vinculación con el Medio Vocación, estudios y vida, desarrollado por la Universidad San Sebastián y Fundación Somos Parte, acompaña a adolescentes y jóvenes en la exploración de sus capacidades, intereses y alternativas para transitar hacia una vida adulta con mayor autonomía y nuevas redes de apoyo.

Elegir una carrera, buscar un primer trabajo o imaginar la vida después del colegio suele venir acompañado de dudas. Para los jóvenes que han vivido en residencias de protección, esas decisiones pueden ser aún más complejas cuando no existe una red familiar estable que ayude a ordenar las alternativas, sostener los tropiezos o recordarles que una dificultad no significa el final del camino.

Desde esa realidad nació el Proyecto Colaborativo de Vinculación con el Medio (VcM) Vocación, estudios y vida: Programa de acompañamiento vocacional, educativo y de transición a la vida adulta para adolescentes en residencias de protección”, liderado por la académica VcM del Observatorio para la Familia de la Universidad San Sebastián, María Vinka Moyano, desarrollado junto a Fundación Somos Parte.

Para Moyano, escoger un camino después de haber crecido en una residencia va mucho más allá de una decisión académica. “Sin una red familiar detrás que sostenga los tropiezos, cada decisión pesa distinto. Por eso, estos jóvenes necesitan a alguien que los acompañe con cariño y constancia, mientras descubren quiénes son y qué quieren construir”, explica.

Una red para comenzar a mirar hacia adelante

Esa presencia constante es precisamente uno de los pilares del trabajo de Fundación Somos Parte. Su directora, Rachel Silva, explica que “muchas veces, cuando los jóvenes no cuentan con una persona que los aliente y los ayude a enfrentar las dificultades, pueden abandonar sus metas ante los primeros obstáculos”. La falta de un referente estable puede hacer que las decisiones queden sujetas a las circunstancias, en lugar de responder a los intereses y capacidades de cada joven.

A través de su programa Conectores, la Fundación promueve vínculos individuales con adultos significativos que permanecen en el tiempo. El proyecto con la USS amplía esa red mediante talleres, mentorías y visitas al entorno universitario, acercando experiencias que antes podían parecer lejanas.

Trabajo interdisciplinar

En estas actividades participan estudiantes de Licenciatura en Literatura, Psicología y Derecho Vespertino. Cada disciplina aporta herramientas distintas, desde el autoconocimiento y la orientación vocacional hasta la comprensión lectora, la empleabilidad y el conocimiento de los derechos y responsabilidades de la vida adulta.

Sin embargo, uno de los aportes más relevantes no se encuentra únicamente en los contenidos. La cercanía generacional permite que los jóvenes conozcan a estudiantes universitarios con dudas, esfuerzos y experiencias que también les resultan familiares. Al conversar con ellos como pares, la educación superior comienza a perder parte de su distancia y aparecen nuevos caminos técnicos, profesionales y laborales.

Para Silva, el valor de esta alianza está en “ayudar a los jóvenes a descubrir que tienen capacidades, que pueden proyectar un futuro” y acompañarlos para que puedan transformar una idea todavía difusa en una decisión posible.

Historias que también pueden acompañar

Esa posibilidad de mirar la propia vida desde otro lugar también apareció en los talleres de Licenciatura en Literatura. A partir de fragmentos de la Divina Comedia, estudiantes y jóvenes conversaron sobre crisis, conflictos y procesos de superación. Las páginas se convirtieron así en un punto de encuentro entre historias y experiencias que continúan siendo profundamente humanas.

Giuliana Solo, estudiante de Literatura, participó en estas actividades con el propósito de compartir una forma distinta de acercarse a los libros. “Una de las grandes motivaciones que tuve fue mostrar otra visión de la literatura y que lograran sentir un poco de la pasión que yo tengo por ella”, cuenta.

Durante los encuentros, también pudo conocer las metas de los jóvenes y el esfuerzo que realizan para alcanzarlas. “Pude ver que tenían sus objetivos muy claros y notar todo el esfuerzo que están haciendo día a día para lograrlos”, señala. La experiencia le recordó que “todos tenemos caminos diferentes para alcanzar una misma meta” y que compararse con otras personas puede convertirse en un obstáculo cuando las realidades son distintas.

Empatía y conexión

En ese proceso, la literatura permitió detenerse, reconocerse en otras historias y ensayar nuevas interpretaciones sobre lo vivido. Giuliana explica que “las personas pueden sentir empatía y conexión con personajes ficticios, encontrar consuelo en historias con las cuales se identifican y sentir compañía”. Desde su experiencia, los libros pueden convertirse en un soporte emocional y ayudar a mirar la propia situación desde una perspectiva diferente.

El proyecto busca sistematizar sus metodologías y aprendizajes para construir un modelo que pueda ser replicado por otras instituciones. De esta forma, lo aprendido no quedará contenido únicamente en los talleres, sino que podrá abrir nuevas posibilidades para otros jóvenes que se preparan para dejar el sistema residencial.

Rachel Silva resume el sentido de esta experiencia al señalar que “la orientación vocacional tiene mucho más impacto cuando ocurre en el contexto de relaciones significativas y una comunidad que cree en ellos”.

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