Buscar

Alimentar para aprender, aprender para crecer. Por Eduardo Barbé

Se modernizaronsus 1.150 m², incorporando una nueva distribución de las áreas de entrenamiento, salas completamente renovadas, espacios de cowork y una infraestructura que eleva el estándar deportivo de la Región de Valparaíso.

Mesas y sillas plegables, bolsos para picnic, cocinillas y carpas forman parte de la propuesta de la marca, que también cuenta con un showroom en Quilpué para conocer sus productos de cerca.

La división de la estatal licitó un contrato a ocho años que reemplazó la totalidad de sus vehículos diésel por unidades cero emisiones, adelantándose a las metas corporativas de la cuprífera al 2030.

Cada país tiene políticas públicas que, con el paso de los años, dejan de ser simplemente programas y pasan a formar parte de su identidad. La alimentación escolar es una de ellas.

En el mundo, más de 460 millones de estudiantes reciben diariamente alimentación en sus establecimientos educacionales. No se trata únicamente de una respuesta frente a la inseguridad alimentaria; la evidencia promovida por organismos como el Programa Mundial de Alimentos (WFP) y UNESCO demuestra que estos programas mejoran la asistencia a clases, favorecen el aprendizaje, disminuyen la deserción escolar, fortalecen la salud y generan retornos económicos que superan ampliamente la inversión realizada.

La alimentación escolar también impulsa el desarrollo local. En numerosos países, una parte importante de los alimentos proviene de productores nacionales, dinamizando economías regionales y fortaleciendo cadenas de abastecimiento que benefician a miles de familias. En otras palabras, cada bandeja servida genera un impacto que trasciende ampliamente el comedor de un establecimiento educacional.

Chile ha construido una historia de la cual puede sentirse orgulloso. Durante décadas, el Programa de Alimentación Escolar ha acompañado a generaciones de estudiantes, convirtiéndose en una política pública que ha contribuido silenciosamente a la equidad, la permanencia en el sistema educativo y la igualdad de oportunidades.

Muchas veces olvidamos que detrás de una ración de alimentos existe mucho más que un menú. Existe la tranquilidad de una familia que sabe que sus hijos recibirán una alimentación adecuada durante la jornada escolar; existe un estudiante que puede concentrarse en aprender porque sus necesidades básicas están cubiertas; existe un país que comprende que el desarrollo comienza por ofrecer oportunidades reales desde la infancia.

Los grandes programas sociales rara vez hacen noticia por los millones de días en que funcionan correctamente. Sin embargo, su verdadero valor reside precisamente en esa continuidad cotidiana que permite que miles de establecimientos educacionales desarrollen su labor con normalidad y que millones de estudiantes puedan enfocarse en aprender.

Proteger, fortalecer y valorar el Programa de Alimentación Escolar significa reconocer una de las políticas públicas con mayor impacto social que ha conocido nuestro país y que pocas veces es justamente reconocido. Porque alimentar a un estudiante no es solamente responder a una necesidad inmediata; es invertir en salud, educación, desarrollo humano y cohesión social. Es apostar por una sociedad con mayores oportunidades y por un futuro donde el talento de niños y jóvenes dependa cada vez menos de las condiciones en que nacieron.

noticias relacionadas

Más allá de la crisis: la oportunidad marítima chilena. Por Mario Venenciano, Project Manager de GHD en Chile

Capacidad jurídica y derecho a decidir de personas con discapacidad. Por Pablo Campos, académico de la Facultad de Derecho UNAB.

Día del Turismo: El desafío de convertir nuestro potencial en viajes. Por Sergio Purcell, gerente general de COCHA.

Más allá de Agile: las competencias que ganan valor con la IA. Por Franco Toselli, socio comercial de IT Hunters