El mercado automotor chileno tuvo un buen primer semestre de 2026 con un crecimiento de 5,6%. Según datos de la Cámara Nacional de Comercio Automotriz, el segmento de vehículos usados fue el más dinámico con cerca de 560.000 transferencias de autos livianos y medianos.
Este escenario tiene una consecuencia directa en la forma en que los chilenos mantienen sus vehículos. Un parque automotor donde los autos usados tienen un peso tan relevante exige más información sobre cómo cuidarlos correctamente, y no solo sobre cómo comprarlos.
En un vehículo nuevo, la mantención suele estar guiada por la garantía del fabricante: los intervalos de servicio están predefinidos, los repuestos utilizados son en su mayoría originales y el historial de mantenimiento queda registrado desde el primer kilómetro. Esto entrega previsibilidad, aunque no significa que el vehículo esté exento de fallas: componentes como frenos, neumáticos o batería tienen una vida útil que depende del uso, más allá de la antigüedad del auto.
En un vehículo usado, en cambio, la variable que más pesa es el historial previo del auto: cómo fue mantenido por su dueño anterior, qué repuestos se usaron y con qué frecuencia se revisó. La edad de un vehículo no define por sí sola su estado real. Hemos visto autos de seis o siete años con una mantención impecable, y autos de dos años con desgaste prematuro por el uso de repuestos de baja calidad o mantenciones postergadas. Lo que realmente marca la diferencia es la trazabilidad del mantenimiento y la calidad de las piezas que se han instalado.
Un error común es pensar que, por tratarse de un auto usado, cualquier repuesto sirve. En la práctica ocurre lo contrario: mientras menos historial de mantención tiene el vehículo, más importante es asegurar piezas de calidad certificada, porque ahí es donde se concentran los riesgos de seguridad.
Uno de los mitos más frecuentes es que mantener un auto usado es necesariamente más económico que uno nuevo. La comparación depende del tipo de repuesto y de la frecuencia de recambio. En autos nuevos, el costo inicial de mantención suele ser mayor por el uso de piezas originales, pero los intervalos entre servicios son más largos. En autos usados, el gasto puede concentrarse en componentes de desgaste – pastillas de freno, amortiguadores, correas o batería – que requieren revisión más seguida a medida que el vehículo acumula kilómetros.
La recomendación no es elegir siempre el repuesto más barato ni asumir que el más caro es sinónimo de calidad. Lo importante es que la pieza cumpla con los estándares del fabricante y esté certificada para el modelo específico del vehículo. Un repuesto de mala calidad puede ahorrar dinero en el corto plazo, pero termina generando fallas en otros sistemas del auto y encareciendo la mantención a futuro.
Es recomendable tener en cuenta algunos focos de atención según el tipo de vehículo. En autos nuevos, es clave respetar los intervalos de mantención indicados por el fabricante y verificar que los repuestos utilizados sean compatibles con las condiciones de la garantía. En autos usados, en cambio, conviene realizar una revisión inicial más exhaustiva de frenos, suspensión, batería y neumáticos, además de solicitar el historial de mantenimiento al momento de la compra.
Lo que buscamos como industria es que la decisión de mantención no dependa sólo de si el auto es nuevo o usado, sino de información real sobre su estado. Con el crecimiento que está teniendo el mercado de usados, esa información se vuelve cada vez más relevante para la seguridad de los conductores.