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El regalo que no se envuelve. Por Carmen de la Maza, Directora ejecutiva de Fundación ALMA

A veces intento recordar cuál fue el mejor regalo que recibí para un Día del Niño, recuerdo la emoción de abrir algún paquete y las ganas de jugar antes de terminar de desenvolverlo. Pero, curiosamente, hoy esos objetos casi se han borrado de mi memoria.

Lo que sí permanece es otra cosa. Recuerdo quién estaba conmigo, las risas,  conversaciones, el tiempo compartido y esa sensación de que, por algunas horas, nada era más importante que estar juntos. Con los años entendí que el verdadero regalo no era lo que había dentro de la caja, sino el momento que se construyó alrededor de ella.

Cada agosto volvemos a vivir una carrera por encontrar el regalo perfecto para el Día del Niño. Las vitrinas se llenan de ofertas y las listas de deseos parecen multiplicarse. Es natural querer sorprender a niños y niñas con algo especial. Sin embargo, vale la pena preguntarnos qué es lo que realmente permanecerá cuando ese juguete ya no exista.

La infancia está hecha de recuerdos cotidianos. De alguien que leyó un cuento, de una conversación sin apuro, de un juego inventado en el living o de una tarde cualquiera que terminó siendo inolvidable simplemente porque hubo tiempo para compartir.

No se trata de dejar de regalar. Se trata de recordar que ningún objeto reemplaza la presencia de un adulto disponible. Porque el desarrollo de un niño no se construye únicamente con lo que recibe, sino con los vínculos que establece y las experiencias que vive junto a quienes lo acompañan.

En Fundación ALMA vemos todos los días cómo acciones tan simples como leer un cuento, conversar o jugar fortalecen los vínculos y crean la base para futuros aprendizajes. Ninguna de ellas requiere grandes recursos. Solo tiempo, disposición y afecto.

Este Día del Niño proponemos algo distinto: regalar tiempo. Porque al final, cuando los niños y niñas de hoy sean grandes, no van a recordar el juguete de agosto de 2026. Pero sí recordarán a quien les hizo sentir que, por un momento, eran lo más importante del mundo.

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