La inflación aumentó 0,1% en julio, en línea con el consenso de expectativas. Con esto, la cifra anual bajó de 4,3% a 3,5%. Los precios más volátiles —en particular transporte— presionaron a la baja a la inflación general.
Esa aparente señal positiva contrasta con los no tan buenos detalles. La inflación sin volátiles aumentó 0,5%, cerca de 0,3 puntos porcentuales más que su promedio estacional. El rebote post Cyber Day explica cerca de un tercio del desvío de la inflación sin volátiles respecto de su estacionalidad. El remanente se concentró principalmente en bienes y, en menor medida, en servicios. Aunque todavía no se puede identificar de manera concluyente, este patrón es compatible con una transmisión indirecta del shock de combustibles.
Julio marca el segundo mes consecutivo en que se perciben señales de una posible mayor persistencia inflacionaria.
Preliminarmente, para agosto proyectamos un avance de 0,2% en la inflación general y de 0% en la sin volátiles. Nuestra proyección para la inflación general a cierre de año se mantiene en 4%.
El incipiente rebote en la actividad económica, la elevada velocidad de la inflación sin volátiles, el prolongado conflicto en el Medio Oriente y la política monetaria externa aparentemente más contractiva son argumentos que limitan el espacio de futuros recortes en la tasa de política monetaria y ponen sobre la mesa alzas.
Dicho esto, conviene mencionar que las publicaciones de inflación de los próximos meses podrían ser un poco más difíciles de interpretar por los efectos del temporal, que suele afectar los precios de alimentos principalmente, pero podría tener algo de impacto en otras partes de la canasta. Lo más probable es que el Banco Central mantenga la tasa hasta que el panorama se aclare más.