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La nueva economía que nació desde el celular. Por Alejandro Urzúa – Analista económico FEN UNAB y OpenBBK

Se modernizaronsus 1.150 m², incorporando una nueva distribución de las áreas de entrenamiento, salas completamente renovadas, espacios de cowork y una infraestructura que eleva el estándar deportivo de la Región de Valparaíso.

Mesas y sillas plegables, bolsos para picnic, cocinillas y carpas forman parte de la propuesta de la marca, que también cuenta con un showroom en Quilpué para conocer sus productos de cerca.

La división de la estatal licitó un contrato a ocho años que reemplazó la totalidad de sus vehículos diésel por unidades cero emisiones, adelantándose a las metas corporativas de la cuprífera al 2030.

Desde tiempos inmemoriales, los persas han sido parte del paisaje cotidiano de diferentes urbes. Eran lugares donde se podía encontrar de todo: muebles usados, repuestos difíciles de conseguir o simplemente un producto más barato que en el comercio establecido. Con la evolución de la tecnología, hoy esos “pasillos” prácticamente caben en la palma de una mano. Facebook Marketplace, los grupos de WhatsApp, Instagram y otras plataformas se han transformado en los nuevos “persas digitales”, un fenómeno que está cambiando la forma en que compramos, vendemos y hacemos negocios.

Lo más llamativo de este fenómeno es que este cambio no responde únicamente al avance de la tecnología. En realidad, lo que refleja es una adaptación natural de la economía a un consumidor que busca ahorrar, generar ingresos y aprovechar mejor sus recursos.

En tiempos donde el costo de la vida presiona cada vez más los presupuestos familiares, muchas personas han descubierto que vender aquello que ya no utilizan puede convertirse en una fuente adicional de ingresos. Al mismo tiempo, quienes compran encuentran precios considerablemente más bajos que en el comercio tradicional. Es una relación donde ambos ganan porque desaparecen varios intermediarios y, con ello, buena parte de los costos asociados.

Pero quizás el cambio más profundo no está en los precios, sino en la confianza. Antes comprábamos porque conocíamos una marca; hoy muchas veces compramos porque confiamos en el perfil de quien vende, en sus evaluaciones o en las recomendaciones de otros usuarios. La reputación dejó de pertenecer exclusivamente a las empresas y pasó, en gran medida, a las personas.

Este fenómeno también se ha transformado en una gran vía de empleo y actividad para el emprendimiento. Nunca había sido tan fácil comenzar un negocio con una inversión mínima. Basta un teléfono, una conexión a internet y un producto atractivo para acceder a miles de potenciales compradores. Para muchas familias, especialmente después de la pandemia, estos espacios dejaron de ser una alternativa ocasional y pasaron a convertirse en una verdadera fuente de ingresos.

Existe además un beneficio que pocas veces se destaca. Los persas digitales impulsan, sin proponérselo, la economía circular. Un refrigerador, una bicicleta, un computador o una chaqueta que antes terminaban olvidados en una bodega hoy encuentran un nuevo dueño. Eso significa aprovechar mejor los recursos, extender la vida útil de los productos y reducir el desperdicio, algo cada vez más importante desde el punto de vista económico y ambiental.

Sin embargo, este crecimiento también plantea desafíos importantes. Una parte significativa de estas operaciones ocurre fuera de la economía formal, lo que dificulta la fiscalización, reduce la recaudación tributaria y genera una competencia desigual para aquellos comercios que sí cumplen con todas las exigencias legales. A ello se suma un riesgo que todos conocemos: las estafas, los productos falsificados o la venta de bienes de origen dudoso.

Más que intentar detener este fenómeno, probablemente el desafío sea entenderlo. Cuando miles de personas optan por estos canales, la economía está entregando una señal. Muchas veces los costos de formalizar un negocio siguen siendo elevados, los trámites continúan siendo complejos y las plataformas digitales ofrecen una alternativa rápida, simple y de bajo costo. Los incentivos importan, y los mercados siempre terminan adaptándose a ellos.

El comercio tradicional no va a desaparecer. Seguirá siendo fundamental por las garantías, el servicio postventa, el financiamiento y la seguridad que ofrece. Pero también es evidente que los persas digitales llegaron para quedarse y ocupar un espacio propio dentro de la economía.

Al final, quizás la mejor manera de entender este fenómeno es pensar que el antiguo persa nunca desapareció. Simplemente cambió de dirección. Ya no está en una feria de fin de semana; hoy vive dentro de una aplicación, funciona las veinticuatro horas del día y conecta a miles de personas con apenas un par de clics. Esa es, probablemente, una de las transformaciones económicas más silenciosas —y más profundas— de los últimos años.

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