– El doctor en geografía y abogado Manuel Prieto Montt explicó que las lluvias intensas, ocurridas en los últimos días en el norte de Chile, se deben a una baja segregada que, al descargar agua sobre suelos hiper áridos e impermeables, provoca flujos violentos. El desastre ocurre porque la vulnerabilidad social, la ocupación informal de quebradas y la falta de planificación exponen a la población.
La DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) es un fenómeno meteorológico que se produce cuando una masa de aire se desprende de una corriente muy fría que circula a grandes alturas, alrededor de los 9 mil metros, y desciende chocando contra otra de aire caliente, lo que produce grandes cantidades de lluvia en zonas cordilleranas altas. Aquello fue lo que sucedió esta semana en gran parte del norte de Chile, generando precipitaciones intensas en el desierto de Atacama, uno de los más áridos del mundo y dejando graves consecuencias producto activaciones de quebradas, aluviones y socavones en ciudades como Tocopilla, Antofagasta, Taltal e incluso Iquique.
La situación fue más compleja debido a las características de la zona mencionada, ya que se trata, primero de una de las zonas más secas del mundo, “y de suelos que no tienen humedad, con muy poca vegetación, que son más bien compactos, en donde prácticamente parece roca. Entonces, si una una baja segregada donde cae mucha agua llega a suelos con estas características, esta no se infiltra y como no hay una tierra capaz de absorber esta agua, fluye a toda velocidad”, indica el profesor titular de la Universidad de Tarapacá, Manuel Prieto Montt, quien es abogado y doctor en Geografía.
“Hay que imaginarse casi como si fuese un un tobogán de agua. Entonces, este desierto tiene este suelo, que es básicamente como una especie de pavimento y el agua se desliza con mucha violencia, arrastrando rocas y sedimento”, explicó Prieto.
¿Podemos atribuir toda esta emergencia únicamente al cambio climático o a un fenómeno meteorológico aislado? A juicio del profesor de la UTA la respuesta es que no, porque afirma que “hay explicaciones atmosféricas y sociales”.
“Esta es una amenaza natural, que está dada por la lluvia, las quebradas activadas, y eso se convierte en un desastre cuando se encuentra con una una sociedad que es vulnerable, y un ejemplo de ello son las quebradas de Tocopilla y de otras zonas que llevan décadas siendo ocupadas por población que históricamente no ha tenido otra alternativa habitacional”, analiza el geógrafo y abogado.
“Y ahí viene como toda la dimensión de falta de planificación urbana, falta de inversión, de obras de mitigación, un crecimiento de los asentamientos completamente informal..La pregunta, entonces, es por qué existen estas condiciones de desigualdad estructural, donde hay personas que viven exactamente donde baja el agua”, advierte.
Según su explicación, “cuando tú tienes estos eventos, el desastre no es producido solamente, entre comillas, por este fenómeno natural, sino que también el desastre es producido por una dimensión política, y eso dice relación con ausencia o malos planes reguladores actualizados, ausencia de planificación con enfoque de riesgo, ausencia de políticas habitacionales, desigualdad estructural con respecto a acceso a la vivienda, infraestructura de mitigación que no es necesaria, etcétera”.
Y agrega que “se necesita una planificación territorial con enfoque de riesgo, políticas habitacionales serias que ofrezcan alternativas dignas de vivienda a las familias que hoy en día no tienen más opciones que vivir en zonas de riesgo”.
El investigador subraya que efectivamente existe infraestructura de mitigación, “pero, al parecer, fueron insuficientes”
DANA y ENSO
La DANA es una baja segregada que, al encontrarse con aire cálido y húmedo, provoca lluvias intensas y repentinas. El fenómeno se agrava cuando coincide con El Niño, que calienta el Pacífico y aumenta la humedad atmosférica.
El profesor Prieto explica también que en esta oportunidad se produce un encuentro entre la llamada DANA y ENSO (fenómeno del niño por su sigla en inglés), “la primera que trae una bolsa de aire fría en altura, que se desprende de la corriente, choca con con las masas de de aire caluroso y, pum, se arma el desastre de lluvia. Y justamente el ENSO, esta especie personaje, que cuando está en fase el niño activa, calienta el océano Pacífico y se carga justamente la atmósfera de humedad. Ahí es cuando la DANA, llega y se produce esta tragedia”.
Quebradas olvidadas
“La quebrada es una especie de cauce seco, de zanja, canal, etcétera, que el agua ha ido tallando, desde muchísimos años, puede ser miles de años. Pero la mayor parte del tiempo, y por muchos años, está completamente seca, y esa sequedad implica suelos compactos, duros, etcétera, y que ya la gente ni siquiera reconoce como como un río”, explica el académico.
Según indica el doctor en Geografía, “una quebrada se activa cuando después de una lluvia muy intensa, el agua vuelve a correr por esta especie de cauce natural, tal cual como lo ha hecho desde hace miles de años”.
El problema, añade, “se produce porque el desierto es extremadamente duro, muy compacto, no absorbe agua, y ahí es cuando corre a alta velocidad, casi como si fuera un tobogán arrastrando todo: barro, roca, sedimento y todo lo que encuentre en el camino”.
Por ello, resalta que, además de las obras de mitigación, son fundamentales los planes de alerta temprana, “para ello se requiere un sistema de monitoreo a tiempo real y protocolos de evacuación que no vengan del escándalo ni del griterío del momento ni del video posteado en último momento en Instagram o TikTok”.
Así, el profesor de la UTA refuerza que “el desastre también se produce por factores políticos y estructurales: falta de planificación territorial con enfoque de riesgo, políticas habitacionales dignas, infraestructura de mitigación y sistemas eficaces de alerta y evacuación. Se necesitan planes reguladores actualizados y ejecutables”.