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Si. Por Raúl Caamaño Matamala, profesor Universidad Católica de Temuco

Cada temporada es una oportunidad para renovar los espacios donde vivimos. Pensando en ello, las tiendas Ohzar presentan su nueva colección 2026, una propuesta que combina diseño, funcionalidad y las últimas tendencias en decoración para ayudar a transformar cualquier ambiente del hogar en un lugar más cálido, armónico y acogedor.

En una clase reciente, de pronto irrumpí con una nueva anotación en la pizarra, a la que, por cierto, no renuncio. ¿Qué escribí esta vez? La palabra que precede a este texto. Si.

Si. Luego de cierto asombro, descubríamos que de los varios síes existentes en la lengua española, que si observamos bien, unos se tildan, otros no. Los que llevan tilde son tres, aquel que funciona como pronombre personal, como adverbio, de afirmación, como sustantivo o locución nominal. ¿Unos ejemplos? En orden, “lo compró para sí solo”; “sí, lo dije”; “el sí retumbó en el templo”. Luego identificamos, los que no se tildan. Dos asomaron pronto. Aquel que cumple la función de conjunción, que denota condición, “si llueve, el partido se suspende”, y aquel que desempeña función nominal, esta vez para referirse a una nota musical, “¿dame un si?” ¿Conocen el origen de esta expresión? En el DLE está. Dice: “De Sancte Ioannes, las iniciales de las dos primeras palabras del cuarto verso de la estrofa con que comienza el himno de san Juan Bautista;…”

Aún no resolvemos el título de la columna. De las cinco versiones comentadas, aún no asoma.

¡A por él! Si, es la abreviación de silicio. En el DLE, se señala: “Del lat. cient. silicium, y este del lat. silex, -ĭcis ‘sílice’ y el lat. cient. -ium ‘-io’. Elemento químico de número atómico 14, que constituye más de la cuarta parte de la corteza terrestre, donde está presente en forma de sílice, como en el granito y en el cuarzo, y de silicatos, como en la mica, el feldespato y la arcilla, que por sus propiedades semiconductoras, tiene gran aplicación en la industria electrónica para la fabricación de transistores y células solares, y cuyos derivados presentan gran variedad de usos, desde las industrias del vidrio a las de polímeros artificiales, como las siliconas. (Símbolo, Si).” Capisci?

¡Bien!, esclarecido esto. Si, silicio, es como ya se señala, omnipresente. Absolutamente. Está muy próximo a nosotros, lo portamos, muchos lo hacemos, y no nos percatábamos. No es malo, es bueno; pero es “malulo”. No nos está haciendo bien.

¿Por qué lo digo? Porque así como hace bien, nos hace mal. Nos encapsula. La pantalla del móvil, de todos, todas las pantallas, los espejos, los vidrios, son buenos y malos, a la vez. No, no estoy flipando. ¿Cuánto tiempo nos absorben esas pantallas? Hace unas semanas les consultaba a unos grupos de estudiantes, ¿cuántas horas usaban, ocupaban el móvil? ¡Solo el móvil! Dejábamos aparte la pantalla del computador personal, portátil, tal o cual. Algunos verificaron, en directo, que sí se puede hacer, y alguno con cierto espanto propio, confesó que en promedio poco más de doce horas, ¡doce horas! Algún otro, no quiso confesar, pero dio a entender que batía ese récord. ¡Mucho!, ¡bastante! Un exceso, ciertamente. ¿Y el provecho, la utilidad de tanta exposición?

Continuó mi escaneo, les pedí, si me lo permitían, que “censaran” cuántas apps, cuántas aplicaciones tenían en sus móviles. Y, nuevamente, el dato fue sorprendente. Algunos confesaron, en promedio, poco más de sesenta, ¡sesenta! Y alguien denotó un dato mayor, pero no quiso exponerlo. ¡Mucho! Alguien explicaba sí, que el móvil de inicio ya porta, en promedio, entre quince y alguna aplicación más. ¡Uf! ¿Pero cuántas ocupan realmente?, pregunté. Los insté a eliminar tantas cuantas no utilicen verdaderamente. ¡No sé si hicieron juicio!

¿Adónde voy, adónde quiero llegar? Ya lo he insinuado. Que este “si” nos ha atrapado sin quererlo ni notarlo nosotros; nos ha privado sí del contacto humano, de levantar la cabeza, de mirar a los ojos, de la plática interpersonal, familiar, de advertir que nos necesitan, de habernos apartado de los libros, de la lectura, de privarnos de contemplar el atardecer, de acompañar a los nuestros, de darnos cuenta de que el prójimo, ese que está próximo, nos pide una mano, de asistir a una exposición de arte, de ir a un teatro, de… la lista es larga.

¿Saben de la existencia de Silicon Valley, o del Valle del Silicio? Ahí la dejo botando.

¿Qué hacer? Apartarnos cuanto más podamos de la pantalla. Ojalá podamos implementar unas acciones tipo SOS. El cambio, el resultado será satisfactorio, ya se los digo.

¡Vamos por expresiones de mayor humanidad! ¡Es posible! ¡Sí, es posible!

 

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