El centro de Santiago atraviesa un proceso de revitalización que abre oportunidades para zonas históricas como el Barrio Dieciocho. La recuperación de edificios emblemáticos, entre ellos inmuebles vinculados a la Bolsa, y la incorporación de otros usos en construcciones patrimoniales recuerdan la transformación experimentada por París-Londres, donde restaurantes, tiendas y distintos locales han contribuido a reactivar el entorno sin perder su identidad arquitectónica.
En este escenario, Dieciocho aparece como un espacio con alto potencial. Delimitado por la Alameda, General de las Heras, San Ignacio y la Autopista Central, concentra importantes palacios levantados durante el auge salitrero y conserva parte relevante del patrimonio arquitectónico de la capital.
Para Mariano Valdés, arquitecto de Extensión Cultural de la Universidad de los Andes (Uandes), recorrer sus calles permite comprender cómo vivían las familias de la elite santiaguina a comienzos del siglo XX. “Fue uno de los barrios más elegantes e importantes”, explica.
Tradición europea
Uno de los rasgos distintivos del barrio está en la variedad de estilos presentes en sus construcciones. Valdés destaca su “eclecticismo europeo”, donde confluyen elementos del neoclásico francés e italiano, con fachadas simétricas, columnas monumentales y frontones.
Algunos inmuebles también muestran cómo es posible preservar elementos históricos e incorporar intervenciones actuales. “Da cuenta de proyectos muy interesantes también contemporáneos que han hecho posible no solo mantener la fachada, sino que integrar lo antiguo con lo contemporáneo”, sostiene Valdés.
Entre sus principales atractivos se encuentran la iglesia y el conjunto del Colegio San Ignacio, junto con diversos palacios vinculados a destacados arquitectos de comienzos del siglo XX, que permiten recorrer distintas etapas de la historia urbana de Santiago.