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Cuando la violencia se convierte en espectáculo. Por Carolina Araya Directora Carrera de Derecho Universidad de Las Américas, Sede Concepción

Cada temporada es una oportunidad para renovar los espacios donde vivimos. Pensando en ello, las tiendas Ohzar presentan su nueva colección 2026, una propuesta que combina diseño, funcionalidad y las últimas tendencias en decoración para ayudar a transformar cualquier ambiente del hogar en un lugar más cálido, armónico y acogedor.

Hay algo profundamente incómodo en mirar televisión y reconocer que, detrás de las luces y la edición de un programa de entretenimiento, existen conductas que, en la vida real, serían identificadas como violencia.

Un reality de parejas y exparejas puede mostrar conflictos, celos, discusiones y quiebres. Sin embargo, existe una frontera que no debiera normalizarse: aquella en que la violencia psicológica, intimidación, humillación o conductas de control dejan de ser un conflicto televisivo y pasan a convertirse en contenido para comentar, compartir y repetir en redes sociales.

En este caso, la pregunta jurídica no es si la televisión puede mostrar una realidad incómoda. La consulta es otra: ¿cómo debe hacerlo cuando esa realidad involucra violencia contra una mujer?

La Ley N°20.066 reconoce como violencia intrafamiliar el maltrato que afecta, entre otros, la integridad física o psíquica de una persona que mantiene o mantuvo una relación de pareja con quien ejerce la violencia.

Por su parte, la Ley N°21.675 considera que la violencia contra las mujeres puede ser física, psicológica, económica y también simbólica. Esta última comprende la difusión de mensajes, imágenes o contenidos que naturalicen estereotipos, subordinación o discriminación contra las mujeres y que produzcan afectación o menoscabo.

La misma normativa, en su artículo 15, establece que los medios de comunicación deben promover la igualdad en dignidad y derechos y procurar que la difusión de informaciones sobre violencia de género respete a sus víctimas. En este marco, la incorporación de advertencias, contexto e información que contribuya a comprender estos hechos y prevenir su normalización constituye una herramienta posible para abordar responsablemente este tipo de contenidos.

Por eso, cuando una mujer es sometida reiteradamente a conductas violentas frente a las cámaras y esas escenas son posteriormente recortadas y repetidas y amplificadas en redes sociales, deberíamos detenernos.

Porque una cosa es mostrar la violencia para denunciarla, contextualizarla y generar conciencia. Otra muy distinta es exponerla sin advertencia, contexto, ni herramientas de orientación y convertir el sufrimiento de una persona en un producto que vuelve a circular una y otra vez.

La televisión tiene libertad. Pero la libertad de expresión no elimina la dignidad de las personas que aparecen en pantalla. Quizás ha llegado el momento de exigir algo tan sencillo como un aviso: esto que usted está viendo contiene manifestaciones de violencia de género. Y junto a él, información sobre dónde pedir ayuda.

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