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Estudio revela que en la Región de O’Higgins no existe un solo tipo de invierno para la calidad del aire

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  • Un estudio en el que participó la experta en calidad del aire, Giovanna Amaya Peña, combinó dos métodos de análisis de datos para distinguir los días que favorecen la acumulación de contaminantes de aquellos que ayudan a dispersarlos.

En materia de calidad del aire, la Región de O’Higgins no presenta un único tipo de invierno. Esa es la conclusión de una investigación en la que participó Giovanna Amaya Peña, experta en calidad del aire y directora de la Escuela de Ciencias Agroalimentarias, Animales y Ambientales de la Universidad de O’Higgins. El estudio analizó los inviernos entre 2021 y 2024 en las 17 comunas saturadas por material particulado fino (MP2,5) de la zona central de la región, con el fin de comprender por qué algunas jornadas concentran episodios de mala calidad del aire y otras no.

Para lograrlo, el trabajo combinó dos métodos de agrupamiento de datos, FAUM (Fast Autonomous Unsupervised Multidimensional) y K-means, que permiten reunir los días que presentan características similares e identificar distintos patrones de invierno.

«Un método encuentra el patrón y el otro ayuda a ordenarlo. Al juntarlos, obtuvimos una fotografía mucho más clara de lo que pasa en invierno», explica Amaya Peña. Según detalla, los resultados de esa combinación fueron más claros y se mantuvieron más estables al repetir el análisis, lo que entregó una base más confiable para leer el comportamiento del aire en la región.

El estudio se enmarca en el Doctorado en Ciencias Aplicadas, mención Ambiente y Salud, de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN), en Argentina, y fue desarrollado junto a los investigadores Paula Tristán y José Massa.

El trabajo identificó dos grandes tipos de jornadas invernales. Por un lado, días fríos y con poco viento, en que el aire queda prácticamente atrapado en el valle y la contaminación se acumula justo donde vive la población. Por otro, días con más viento o lluvia, en que el aire se renueva y limpia con mayor facilidad.

«Yo lo explico como ponerle una tapa al valle: el aire tiene muy pocas posibilidades de renovarse», señala la experta. Por eso -agrega-, un episodio de contaminación no depende solo de cuánto se contamina, sino también de las condiciones del aire de ese día, un factor clave para anticipar las jornadas más críticas. “Eso es algo que incluso podemos observar este invierno. Hemos tenido períodos de varios días seguidos con episodios críticos de contaminación, aun cuando están vigentes medidas importantes del Plan de Descontaminación, como las restricciones al uso de calefacción a leña en Rancagua y Machalí. Esto no significa que esas medidas no sean necesarias, sino que reducir las emisiones es una parte del problema. También hay días en que las condiciones meteorológicas hacen mucho más difícil que el aire se renueve y favorecen que la contaminación permanezca y se acumule durante más tiempo”, explica la experta.

El trabajo también mostró que las comunas no se comportan de la misma manera. Hacia el sur, localidades como Chimbarongo, San Fernando y Placilla tienden a registrar condiciones más frías y con mayor presencia de precipitación, mientras que, hacia el centro y norte, en comunas como Rancagua, Graneros, Mostazal, Doñihue y Coltauco, el escenario es más variable.

«Lo que ocurre con el aire en Chimbarongo no necesariamente es lo mismo que ocurre en Rancagua o Mostazal», advierte la experta. Esta diferencia -precisa- resulta especialmente relevante para las políticas públicas, ya que una misma medida puede tener resultados distintos según el territorio, y conocer esas particularidades permite diseñar acciones más ajustadas a cada comuna.

Uno de los aportes centrales del trabajo es que la metodología fue pensada para aplicarse en zonas con poca información de monitoreo. Para ampliar la mirada sobre la región sin depender de una estación en cada comuna, el estudio integró registros de las estaciones de monitoreo terrestre, variables meteorológicas de reanálisis y observaciones satelitales, entre ellas un índice de aerosoles obtenido desde el satélite Sentinel-5P.

El estudio fue publicado en 2026 en la revista científica Atmósfera, editada por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y está disponible en acceso abierto para su consulta.

«Esto no sirve solamente para O’Higgins. La misma forma de trabajar podría utilizarse en otros lugares de Chile donde también hay pocas estaciones de monitoreo para medir la calidad del aire», proyecta Amaya Peña.

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