Chile tiene talento científico. Lo vemos en nuestras universidades, centros de investigación, laboratorios y, cada vez con mayor fuerza, en emprendimientos que buscan convertir conocimiento en soluciones para problemas complejos.
Hoy, contamos con investigadores capaces de desarrollar ciencia de primera línea y emprendedores dispuestos a asumir el riesgo de llevar esas ideas más allá del laboratorio. Pero existe una pregunta que debiéramos hacernos con mayor frecuencia: ¿Qué ocurre después del descubrimiento? En salud, la distancia entre una buena idea y una solución disponible para las personas puede ser enorme. Un avance científico necesita ser validado, probado, escalado, regulado y, finalmente, incorporado a sistemas capaces de hacerlo llegar a los pacientes; cada una de esas etapas requiere capacidades distintas y, sobre todo, colaboración, con carteras como el Ministerio de Salud, Ministerio de Economía, Ministerio de Ciencias, Tecnologías, Conocimiento e Innovación, entre muchos otros.
Hablar de innovación científica no puede reducirse solamente a la investigación. También debemos hablar de transferencia de conocimiento, de inversión, de infraestructura y de la capacidad de conectar a quienes generan ciencia con quienes pueden ayudar a convertirla en soluciones concretas. Hoy el ecosistema suma a CORFO, ANID, la Ley I+D+i, Oficinas de Transferencia y Licenciamiento, además del sector privado y Universitario.
En este desafío, la industria farmacéutica tiene un rol que asumir, que no se trata de reemplazar la investigación ni de imponer una lógica comercial sobre ella, sino de aportar experiencia, conocimiento y una mirada que ayude a acortar el camino entre el laboratorio y las personas. Desde Farmoquímica del Pacífico, hemos querido colaborar precisamente en esa dirección con nuestra incorporación a StartupLab.01, el primer hub deep tech de Chile para startups científico-tecnológicas, que nace de la convicción de que la experiencia acumulada por la industria puede dialogar y colaborar con nuevas generaciones de científicos y emprendedores.
Hay algo especialmente valioso en ese encuentro donde las empresas consolidadas pueden aportar conocimiento sobre procesos, validación, escalamiento y las necesidades de un sector altamente especializado; y las startups de base científica, por su parte, aportan nuevas preguntas, tecnologías y formas de abordar desafíos que muchas veces requieren soluciones completamente distintas a las conocidas.
Pero existe un tercer elemento que debe estar siempre presente, el paciente. La innovación en salud pierde parte de su sentido si el conocimiento no logra traducirse en una mejora concreta para las personas; por eso, debemos incorporar al paciente como un actor activo del sistema y trabajar conjuntamente para preguntarnos desde etapas tempranas qué problemas necesitamos resolver, para quién y cómo una nueva solución puede realmente generar valor.
La presencia de empresas como FQP en espacios como StartupLab.01 es una señal de que ese puente se puede construir. Seguramente necesitaremos muchos más para lograr que el éxito de un descubrimiento no esté únicamente en haberlo realizado, sino en conseguir que cambie, para mejor, la vida de las personas. Bienvenidos a FQP.35.