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JUNJI invita a acompañar cambio de hora de forma amorosa ante la necesidad de anticipación del cerebro infantil

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El cambio de hora modifica rutinas cotidianas que son importantes para niños y niñas. Comprender cómo sus ritmos biológicos y sus procesos de autorregulación responden a estos cambios permite a las personas adultas acompañarlos de manera respetuosa, anticipando, observando y ajustando las rutinas según sus necesidades

Para niños y niñas, las rutinas cotidianas cumplen un rol relevante en la organización de sus experiencias. Saber qué ocurrirá (levantarse, comer, jugar, asistir al jardín infantil, descansar o prepararse para dormir) les permite anticipar lo que viene y sentirse seguros.

Esta predictibilidad es especialmente importante durante los primeros años, etapa en que las capacidades de autorregulación todavía se encuentran en desarrollo. Por ello, cuando se produce un cambio en los horarios habituales, como el que implica el inicio del horario de verano, es posible que algunos niños y niñas necesiten un tiempo para reorganizar sus ritmos y puedan manifestar variaciones en el sueño, el ánimo, la atención o sus niveles de energía.

El organismo cuenta con un reloj biológico que se sincroniza principalmente con señales ambientales como la luz y la oscuridad. Al modificar los horarios sociales, puede producirse temporalmente un desajuste entre lo que indica el reloj y aquello que el cuerpo está acostumbrado a experimentar.

En este contexto, acompañar el cambio de hora implica comprender que no todos los niños y niñas responderán de la misma manera. Observar sus señales, escuchar cómo se sienten y reconocer sus necesidades permite a las personas adultas realizar ajustes respetuosos, procurando que, cuando las condiciones familiares lo permitan, las modificaciones en los horarios de sueño, alimentación, descanso y otras actividades se realicen de manera gradual.

“Las rutinas entregan a niños y niñas oportunidades para anticipar y desarrollar progresivamente su autonomía. Frente a un cambio como el horario de verano, el desafío no está en exigir una adaptación rápida, sino en ofrecer presencia, seguridad y comprensión. Acompañar amorosamente significa observar lo que cada niño y niña necesita, respetar sus ritmos y generar las condiciones para que puedan transitar estos cambios sintiéndose escuchados y protegidos”, señala Beatriz Lagos Gutiérrez, directora regional (S) de JUNJI Valparaíso.

Desde esta perspectiva, el cambio de hora también puede convertirse en una oportunidad para conversar con niños y niñas sobre el paso del tiempo, los cambios en la luz natural y las transformaciones que experimenta el entorno. Anticiparles de manera sencilla que los relojes cambiarán, recoger sus preguntas y permitir que expresen cómo viven las modificaciones en sus rutinas contribuye a reconocerlos como protagonistas de sus experiencias. Asimismo, mantener aquellos momentos cotidianos que les resultan significativos, como la lectura antes de dormir, una conversación familiar o un momento de calma,  puede ayudar a conservar referentes conocidos durante el proceso de adaptación.

Acompañar los cambios de rutina desde la primera infancia es también una forma de cuidar. No se trata de apurar a niños y niñas para que se adapten al nuevo horario, sino de ofrecerles adultos disponibles que puedan observar, escuchar y responder a sus necesidades. Porque cuando cambia el reloj, también puede necesitar tiempo el cuerpo para encontrar nuevamente su ritmo, y en ese proceso la presencia amorosa y respetuosa de quienes acompañan la crianza cumple un papel fundamental.

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