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Suicidio en Chile: las señales que pueden abrir una oportunidad para intervenir a tiempo

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“Casi todas las muertes por suicidio ocurren después de un periodo de sufrimiento en el que existieron oportunidades de intervención”. En el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, Tamara Otzen, académica de la Universidad de La Frontera, explica qué señales permiten reconocer una crisis y cómo actuar para ayudar.

Durante 2024 se registraron en Chile 1.984 suicidios, frente a 1.207 homicidios consumados. La comparación, recogida por BBC Mundo, revela una crisis que provoca más muertes que otros fenómenos de violencia que reciben mayor atención pública y mediática.

Tamara Otzen, psicóloga, doctora en Ciencias Médicas y doctora en Salud Basada en Evidencias, académica de la Universidad de La Frontera (UFRO), advierte que esta tendencia no es reciente. “El mayor riesgo de morir de forma violenta en Chile no viene de un tercero, sino de uno mismo. Desde 2018 el suicidio es la primera causa de muerte violenta del país: 10,5 por 100.000 versus 6,0 de homicidios. Y a diferencia de otras causas externas, casi todas las muertes por suicidio ocurren después de un período de sufrimiento en el que hubo oportunidades de intervenir”, explica.

Hombres mayores y regiones del sur concentran las tasas más altas

En Chile, cerca de cuatro de cada cinco muertes por suicidio corresponden a hombres. Las tasas más altas se presentan entre los hombres mayores de 65 años y, particularmente, en quienes tienen 80 años o más. Al observar el número total de fallecimientos, el grupo más afectado es el de 20 a 29 años, mientras que entre adolescentes preocupa el aumento de intentos y autolesiones, especialmente en mujeres.

La dimensión territorial también resulta relevante. “Territorialmente, las mayores tasas están en el sur: Aysén, La Araucanía y Los Ríos llevan dos décadas sobre el promedio nacional, con mayor afectación de hombres rurales”, señala Otzen.

Entre los factores asociados se encuentran el aislamiento, la violencia, los duelos, el consumo problemático de alcohol, la depresión, el dolor crónico, las dificultades económicas y las barreras para acceder a atención. Sin embargo, la académica enfatiza que no existe una explicación única.

“Ningún factor por sí solo explica un suicidio. Nunca es ‘se suicidó por tal cosa’. Es acumulación de dolor en el tiempo, y por eso hay tantos puntos donde se puede intervenir”, sostiene.

Una atención insuficiente y tardía

Las dificultades para acceder oportunamente a apoyo profesional constituyen una de las principales barreras para la prevención. Según la especialista, el problema incluye falta de recursos, extensas listas de espera y una menor disponibilidad de atención en zonas rurales.

“Solo cerca del 20% de quienes necesitan atención en salud mental accede efectivamente a tratamiento. Chile destina alrededor del 4,5% del presupuesto de salud a salud mental, contra un 6,7% promedio en la OCDE, y la meta del 5% se fijó primero en el plan 2000-2010, se repitió en el de 2015-2025 y todavía no se cumple: dos planes nacionales con el mismo objetivo pendiente”, señala Otzen.

La académica agrega que “en listas de espera, en 2024 había cerca de 23.700 adultos y 14.000 niños y adolescentes esperando psiquiatría. Y hay alrededor de 1.500 camas psiquiátricas en el país, con un déficit que se agudiza en zonas rurales, donde en algunas provincias hay menos de 3 psiquiatras por 100.000 habitantes”.

Las señales que pueden advertir una crisis

Hablar de no tener salida, sentirse una carga o no querer continuar; despedirse, regalar objetos importantes, aislarse, autolesionarse o aumentar el consumo de alcohol constituyen señales de alerta. La desesperanza, el insomnio persistente, la irritabilidad y una calma repentina después de un periodo de angustia intensa también requieren atención.

Ante estas señales, la recomendación es conversar de manera directa, escuchar sin juzgar, no dejar sola a la persona, limitar su acceso a elementos con los que pueda hacerse daño y buscar apoyo profesional.

“Preguntar directamente no induce la conducta. Es el mito más dañino que existe. La evidencia es clara en que preguntar por ideación suicida no aumenta el riesgo, y en varios estudios lo reduce. Hay que preguntar sin eufemismos: ‘¿has pensado en quitarte la vida?’”, afirma la especialista.

El Ministerio de Salud advierte que las muertes por suicidio comienzan a aumentar en septiembre y alcanzan sus niveles más altos durante diciembre y enero. Para Otzen, esta fecha debe marcar el inicio de un periodo de mayor prevención, detección y acompañamiento.

“El mensaje de fondo es que el suicidio es prevenible. No es un destino, es un desenlace, y entre el sufrimiento y ese desenlace hay meses en que se puede intervenir”, concluye.

Dónde pedir ayuda: Ante una crisis emocional o pensamientos suicidas, se puede llamar gratuitamente desde un celular al *4141, línea del Ministerio de Salud disponible las 24 horas, todos los días de la semana.

 

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