La pérdida del empleo puede generar efectos que van más allá de la situación laboral. Shock, frustración, ansiedad, culpa y una disminución de la confianza personal son algunas de las experiencias que pueden aparecer frente a un despido. El académico de Psicología de la Universidad Andrés Bello, Nicolás Núñez, aborda las dimensiones emocionales y sociales de este proceso y entrega algunas claves para enfrentarlo.
Ser despedido o despedida constituye una experiencia que puede tener efectos en distintas dimensiones de la vida de una persona. Junto con las consecuencias prácticas asociadas a la pérdida del empleo, pueden aparecer emociones y reacciones psicológicas que influyen en la manera en que se enfrenta la situación y, posteriormente, en el proceso de búsqueda de un nuevo trabajo.
El académico de Psicología de la Universidad Andrés Bello, Nicolás Núñez, explica que se trata de una experiencia que puede generar efectos multidimensionales. Entre las primeras respuestas pueden aparecer el shock y el desconcierto, mientras que posteriormente pueden surgir emociones más intensas, como rabia y frustración, especialmente cuando el despido es percibido como injusto.
A ello pueden sumarse el miedo, la ansiedad y la angustia, además de consecuencias en el ámbito psicológico y psicosocial. “Ser despedido es una experiencia que genera efectos multidimensionales”, señala Núñez.
El académico también advierte sobre la posibilidad de que la persona experimente culpa, vergüenza o una sensación de haber fallado o fracasado. En este contexto, adquiere especial relevancia el estigma asociado a la pérdida del empleo, particularmente cuando el despido se interpreta como consecuencia directa de una supuesta falta de esfuerzo o competencia.
Según explica, estas percepciones pueden tener consecuencias sobre la seguridad y la confianza personal, afectando incluso la capacidad de la persona para reponerse y volver a buscar trabajo.
El rechazo también forma parte de la búsqueda laboral
Una vez perdido el empleo, el proceso de búsqueda de una nueva oportunidad puede incorporar nuevas experiencias de rechazo. No recibir respuesta después de una postulación o saber que otra persona fue seleccionada para un puesto al que también se aspiraba son situaciones que pueden profundizar la sensación de quedar fuera.
Frente a este escenario, Núñez plantea la importancia de reconocer el componente emocional de estas experiencias y evitar que el rechazo sea interpretado automáticamente como una evaluación negativa de las propias capacidades.
Durante la búsqueda laboral pueden aparecer pensamientos como “no quedé en el trabajo porque no me la puedo” o “no quedé en el trabajo porque se dieron cuenta de que soy incompetente”. Sin embargo, estas interpretaciones no necesariamente están sustentadas en evidencia y pueden responder más bien a los propios temores.
Por ello, tomar distancia de este tipo de creencias puede ayudar a sostener el proceso. “Lo importante es continuar en la búsqueda, no detenerse, no necesariamente quedar en el primer intento, sino mantenerse en la tarea y no renunciar a la búsqueda hasta encontrar el resultado que uno está buscando”, señala el académico.
En este camino, contar con una red social de apoyo también puede ser relevante. Conversar con personas de confianza sobre los temores y pensamientos que aparecen durante el período de búsqueda permite compartir la experiencia y tomar cierta distancia de aquellas interpretaciones que pueden dificultar el proceso.
El rol de familiares y cercanos
El impacto de un despido no solo involucra a quien pierde su empleo. Familiares, amigos y personas cercanas también pueden desempeñar un papel importante en el acompañamiento, especialmente cuando observan que la situación está afectando significativamente las rutinas o el bienestar de la persona.
Núñez señala que es importante estar atentos a señales como estados de inmovilidad o shock, alteraciones de las rutinas y dificultades para dormir o recuperar la calma. Frente a este tipo de situaciones, puede ser necesario recurrir a apoyo profesional.
Pero el acompañamiento cotidiano también puede marcar una diferencia. Escuchar, mostrar comprensión y evitar juicios permite generar un espacio en el que la persona pueda expresar sus preocupaciones y temores.
“Como red de apoyo es importante estar atento a estas señales y ofrecer apoyo profesional. Pero también puedo ofrecer apoyo social siendo comprensivo, ofreciendo humanidad comparativa, no presionando a la persona, no haciéndola sentirse juzgada”, plantea el académico.
En particular, evitar explicaciones que responsabilicen exclusivamente a quien fue despedido puede contribuir a no profundizar el estigma. En lugar de insistir en una supuesta falta de esfuerzo, Núñez plantea la importancia de escuchar y permitir que la persona pueda compartir sus propios temores.
Reconocer el proceso para volver a avanzar
La pérdida del empleo puede afectar la percepción que una persona tiene sobre sí misma y sus expectativas respecto del futuro. Por ello, abordar esta experiencia requiere considerar no solo sus dimensiones laborales, sino también sus componentes emocionales, psicológicos y sociales.
Reconocer las emociones que aparecen, cuestionar aquellas interpretaciones que no cuentan con evidencia, mantener progresivamente la búsqueda laboral y apoyarse en otras personas son elementos que pueden contribuir a enfrentar el proceso.
Desde la perspectiva de Nicolás Núñez, el acompañamiento también requiere comprender que se trata de una experiencia difícil, pero transitoria. “Esta es una situación normal de la que se sale y de la cual podemos salir más fácilmente si encontramos ese apoyo”, concluye el académico de Psicología de la Universidad Andrés Bello.