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Dos carcinógenos con harto hielo y limón, porfa. Por Raúl Aguilera-Eguía, Académico del Departamento de Salud Pública de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC)

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Pocas personas pedirían dos carcinógenos para una celebración, pero servidos con hielo, limón y publicidad, los percibimos de otra manera. El alcohol está tan integrado en nuestra vida social que advertir sobre sus riesgos parece exagerado, aunque pocas veces se menciona que causa cáncer.

Desde hace décadas, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) clasifica las bebidas alcohólicas como carcinógenas del Grupo 1, junto con el tabaco y el asbesto. Esto no significa que impliquen el mismo riesgo, sino que existe evidencia suficiente de que causan cáncer en seres humanos. El alcohol puede causar al menos siete tipos de cáncer: de boca, faringe, laringe, esófago, hígado, colorrectal y mama en mujeres. Un análisis mundial de la OMS y la IARC, publicado en 2026 en Nature Medicine, estimó que cerca de 700 mil nuevos casos de cáncer diagnosticados en 2022 fueron atribuibles al consumo de alcohol, equivalentes al 3,2% de los nuevos casos a nivel mundial.

El riesgo aumenta con el consumo y no se ha establecido un nivel seguro respecto del cáncer. Tampoco desaparece por elegir cerveza, vino o destilados: todas contienen etanol. Que asociemos el tabaco con el cáncer, pero no el alcohol, se explica menos por la evidencia que por cómo comunicamos sus riesgos.

Mientras las cajetillas de cigarrillos advierten sobre cáncer y otros daños graves, durante décadas la publicidad y la cultura del alcohol lo han asociado con amistad, deporte, celebración y éxito. La comunicación de sus riesgos suele concentrarse en accidentes, dependencia, violencia y daño hepático, junto con un ambiguo llamado al “consumo responsable”, mientras el riesgo de cáncer rara vez forma parte del mensaje.

Reducir el consumo disminuye el riesgo; mientras exista consumo, no puede hablarse de un nivel libre de riesgo oncológico. Esto tampoco significa que toda persona que beba desarrollará cáncer. Comunicar esta relación no busca culpabilizar ni imponer decisiones, sino reconocer un factor de riesgo modificable y favorecer elecciones informadas. En Chile, prevenir el cáncer no puede depender solo de decisiones individuales.

El Plan de Acción Adulto del Plan Nacional de Cáncer 2022–2027 recoge entre las medidas más costo-efectivas frente al consumo de alcohol: aumentar impuestos y precios, regular la publicidad y regular su disponibilidad física. El desafío ya no es demostrar esta relación, sino hacerla visible. Podemos seguir sirviéndolo con harto hielo y limón; lo que no podemos es seguir ocultando sus riesgos.

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