Cada 16 de septiembre, el mundo conmemora el Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono. Es una fecha que nos recuerda que los problemas ambientales pueden enfrentarse cuando existe voluntad, regulación, innovación y, sobre todo, disposición para cambiar determinadas prácticas.
La recuperación de la capa de ozono es también una lección para otros desafíos que enfrentamos hoy. Nos muestra que no basta con reaccionar cuando el daño ya está hecho: debemos ser capaces de anticiparnos y modificar la forma en que producimos, consumimos y utilizamos nuestros recursos.
En Chile, esa necesidad resulta evidente al observar nuestros residuos. Cerca del 58% de los residuos sólidos municipales corresponde a materia orgánica, pero actualmente se valoriza menos del 1% de esta fracción. El desafío no es menor, ya que se trata de millones de toneladas que podrían tener una segunda utilidad mediante procesos como el compostaje o la biodigestión, en lugar de terminar en disposición final.
Esta realidad refleja un problema más profundo. Durante décadas hemos construido una economía basada en extraer recursos, fabricar productos, consumirlos y desecharlos. La economía circular propone cambiar esa lógica. Es decir, prevenir la generación de residuos, reutilizar, reparar, extender la vida útil de los productos y mantener los materiales circulando el mayor tiempo posible.
Por eso, hablar de circularidad no puede limitarse a reciclar. El reciclaje es necesario, pero ocurre al final de una cadena. Las decisiones más importantes se toman mucho antes; cuando diseñamos un producto, escogemos sus materiales, definimos su duración y pensamos qué ocurrirá con él cuando termine su primera vida útil.
Chile ha dado pasos importantes en esta dirección, particularmente con la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor y las políticas nacionales de economía circular. Pero aún tenemos el desafío de llevar estos principios desde la regulación y los proyectos específicos hacia las decisiones cotidianas de empresas y consumidores.
La experiencia de la capa de ozono demuestra que cambiar una tendencia ambiental requiere tiempo, coordinación y perseverancia. También demuestra que las metas ambientales ambiciosas pueden alcanzarse cuando existe responsabilidad compartida.
Hoy tenemos una oportunidad similar frente al uso de recursos y la generación de residuos. No podemos esperar que el problema se resuelva únicamente al final del proceso, cuando aquello que alguna vez fue un recurso ya se convirtió en basura.
Cuidar el medio ambiente comienza mucho antes del contenedor de reciclaje. Comienza cuando decidimos qué producir, cómo producirlo, cuánto consumir y qué haremos para que los materiales sigan siendo útiles después de nuestro primer uso.