Varios días de reuniones, actividades, traslados y cambios en la rutina pueden pasar la cuenta al terminar los festejos patrios, generando desgaste, fastidio y ganas de reducir temporalmente el contacto con otras personas.
Próximos al inicio de las celebraciones de Fiestas Patrias, la seguidilla de reuniones familiares, encuentros con amigos y actividades sociales que trae consigo el 18 puede tener un efecto inesperado una vez que terminan los festejos: cansancio, irritabilidad y ganas de estar solo. Es la llamada “resaca social”, un fenómeno que puede aparecer tras varios días de intensa interacción con otras personas.
Según explicó Cristopher Urbina, académico de la Facultad de Psicología de la Universidad UNIACC, “no es un concepto clínico, sino una expresión coloquial para describir el agotamiento que puede aparecer después de situaciones de socialización particularmente intensas o que escapan de la rutina”.
El especialista agregó que “ese agotamiento no proviene únicamente de ‘estar con gente’. En una celebración pueden desplegarse muchas exigencias al mismo tiempo: anticipar situaciones, organizar compras y traslados, coordinar horarios, regular las propias reacciones, conversar con personas con quienes quizás no existe demasiada afinidad, adaptarse a normas implícitas del encuentro e incluso procesar posteriormente situaciones que no resultaron como se esperaba.”
En este sentido, precisó que “el 18 de septiembre tiene una particularidad cultural importante. Existe un ambiente festivo que, en cierta medida, invita e incluso presiona a sincronizarse con él. Hay que celebrar, reunirse, bailar, comer, salir, conversar, visitar familiares o participar de distintas actividades. A eso se suman cambios en los horarios, desplazamientos, planificación, gastos y varios días consecutivos fuera de la rutina habitual”.
Adicionalmente, enfatizó que el momento del año en que ocurren estas celebraciones también es relevante. “Las Fiestas Patrias ocurren prácticamente en la mitad del segundo semestre. Para muchas personas llegan después de varios meses de trabajo, estudio y responsabilidades, cuando el cansancio acumulado del año ya comienza a sentirse y todavía falta bastante para las vacaciones de verano”, sostuvo.
A juicio del psicólogo, la “resaca social” tampoco implica necesariamente que las celebraciones hayan sido negativas. “Pasarlo bien no es una actividad pasiva. Supone involucrarse, prestar atención, conversar, desplazarse, organizarse, permanecer despierto hasta más tarde y participar activamente de una situación. Una persona puede haber disfrutado genuinamente cada encuentro y, al mismo tiempo, terminar agotada al cabo de varios días”, indicó.
Respecto de quienes terminan emocionalmente agotados después de estas celebraciones, el docente de la UNIACC afirmó que “esa necesidad de estar solo no debiera interpretarse como un signo preocupante. Puede ser tan razonable como dormir después de una jornada extensa. La atención debería aparecer cuando ese aislamiento se prolonga, produce sufrimiento importante o comienza a interferir persistentemente con la vida cotidiana”.
“La principal señal de atención aparece cuando el malestar se prolonga mucho más allá de esos días, aumenta en intensidad o comienza a afectar significativamente actividades habituales como trabajar, estudiar, dormir o relacionarse con otras personas”, añadió.
En relación con los errores que suelen cometer las personas después de varios días de celebraciones y que pueden prolongar este agotamiento y dificultar la vuelta a la rutina, el profesional señaló que “es pretender volver inmediatamente al ritmo habitual como si esos días no hubieran implicado ningún desgaste. Retomar progresivamente los horarios de sueño, alimentación y actividad puede ser bastante más razonable que exigir una restitución instantánea de la rutina”.
Para quienes presenten esta sensación de aislamiento después de las celebraciones, el especialista sostuvo que “la primera recomendación sería no convertir automáticamente esa necesidad de descanso en un problema. Estar solo durante unas horas o un día puede constituir un espacio legítimo de recomposición después de haber desplegado muchos recursos durante varios días”.
“También ayuda dejar algún período sin compromisos antes de regresar completamente a las obligaciones habituales, recuperar progresivamente los horarios y reconocer que no existe la obligación de aprovechar cada minuto del feriado. En ocasiones, la mejor manera de cerrar una celebración consiste precisamente en disponer de un tiempo en que no haya que organizar, conversar, coordinar ni responder a ninguna expectativa social”, concluyó.