Este 17 de septiembre, la UCSC destaca cómo la simulación clínica fortalece decisiones seguras, comunicación y trabajo en equipo.
Cometer un error durante una atención clínica puede tener consecuencias para un paciente. Pero ¿qué ocurre si ese mismo error sucede primero en un escenario simulado, donde es posible detenerse, analizarlo y volver a intentarlo sin causar daño? Esa es una de las posibilidades que ofrece la simulación clínica para preparar a quienes tendrán en sus manos la atención de otras personas.
El tema cobra especial relevancia cada 17 de septiembre, cuando se conmemora el Día Mundial de la Seguridad del Paciente. Este 2026, la Organización Mundial de la Salud (OMS) impulsa la jornada bajo el lema “¡Atención segura durante toda la vida!”, con énfasis en la atención segura de las enfermedades no transmisibles.
La efeméride, creada por la OMS en 2019, busca generar conciencia, ampliar el conocimiento y promover medidas concretas para reducir los daños evitables asociados a la atención en salud.
El Director del Hospital Simulado de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), Jair Bustos, señaló que “esta fecha implica reconocer la necesidad de continuar fortaleciendo la seguridad en la atención en salud y las competencias de los profesionales y técnicos, tanto en formación como en ejercicio, además de integrar la cultura de seguridad y la gestión del error desde las etapas iniciales del aprendizaje”.
El aporte de la simulación clínica a la seguridad del paciente
Las instituciones de educación superior cumplen un rol importante en este ámbito durante la formación de los estudiantes. En este contexto, han potenciado la simulación clínica, una metodología activa que recrea situaciones de la práctica asistencial con el propósito de favorecer el aprendizaje y evaluar competencias en un ambiente controlado, sin exponer a los pacientes a riesgos innecesarios.
Este enfoque ofrece un espacio seguro para entrenar, cometer errores sin causar daño, reflexionar sobre ellos y corregir el desempeño antes de intervenir en situaciones reales. Precisamente, el análisis de los errores, a través del estudio de los eventos y de los modelos mentales involucrados, permite potenciar el aprendizaje. Esta etapa es conocida como debriefing.
El especialista explicó que “la práctica deliberada y guiada de distintos procedimientos permite desarrollar habilidades, acelerar el aprendizaje y disminuir las posibilidades de error. El debriefing, por su parte, permite analizar los eventos asociados al desempeño clínico y al trabajo en equipo, identificando brechas de conocimiento, emociones y sesgos en los modelos mentales que sustentan la toma de decisiones”.
La simulación clínica también contribuye a que los profesionales de la salud se entrenen en el trabajo en equipo, la comunicación efectiva con los pacientes y entre pares, y el manejo de situaciones de crisis, fortaleciendo la conciencia situacional y la priorización de tareas.
Bustos indicó que “como Universidad, nuestro objetivo es que, con la simulación, los estudiantes puedan ejecutar técnicas de forma segura, apliquen el razonamiento clínico basado en evidencia científica para la toma de decisiones, trabajen en equipo, se comuniquen de forma efectiva y entreguen una atención humanizada”.
De esta manera, la simulación clínica se consolida como una herramienta relevante en la formación de técnicos y profesionales de la salud, tanto en pregrado como en formación continua, postgrado, especialidades médicas y otras áreas de la salud.