El polen y los estornudos no son los únicos protagonistas de esta temporada. Los cambios en la salud mental y posibles alteraciones en el sistema cardiovascular también deben ser considerados, sobre todo en los grupos de riesgo.
Apenas se instala septiembre, la conversación sobre salud en primavera se repite casi en piloto automático: estornudos, ojos irritados, antihistamínicos. Pero para la medicina, el cambio de estación es un fenómeno bastante más amplio que una alergia. El aumento de horas de luz recalibra el sueño, el ánimo y hasta la presión arterial, mientras el cuerpo intenta adaptarse a un ritmo distinto después de meses de invierno.
Las alergias son más que una reacción al polen
La Dra. Galia Villarroel, otorrinolaringóloga de Clínica Santa María, advierte que el cambio climático puede aumentar y prolongar la exposición al polen, generando temporadas alérgicas más extensas y síntomas más intensos.
«El polen sigue siendo uno de los principales responsables de las alergias primaverales, pero actualmente actúa junto con otros factores como la contaminación del aire, humo, ácaros, entre otros. La contaminación no produce una alergia por sí sola, pero irrita y daña la mucosa nasal, dejándola más sensible. Eso puede generar que una persona reaccione con mayor intensidad frente a una misma cantidad de polen y que los síntomas comiencen antes”, explica la especialista.
Para disminuir el contacto con el polen, el Dr. Ricardo Navas, médico general de Help Rescate, recomienda proteger las zonas más expuestas: «Protegerse los ojos, la nariz y la boca en espacios con gran cantidad de polen en el ambiente, como parques o simplemente en la calle. Es importante el uso de lentes de sol en el exterior y, si es necesario, utilizar mascarilla, principalmente los pacientes con factores de riesgo».
Pero el ambiente no es el único factor y también influye la genética. La Dra. Macarena Sobarzo, inmunóloga de Clínica Ciudad del Mar, complementa: “Existe una predisposición genética que se llama atopia. Si ninguno de los padres es alérgico, el riesgo de que el hijo desarrolle alergias es de entre un 10 a 15%. Pero si uno de los papás es alérgico, ese riesgo sube a entre un 30 y 50%. Y si ambos padres son alérgicos, la probabilidad puede llegar hasta un 60 u 80%”.
La primavera también puede impactar la salud mental
El aumento de las horas de luz modifica los ritmos circadianos y puede influir en el sueño, la energía y el estado de ánimo. En algunas personas, estos cambios pueden intensificar síntomas de ansiedad o desestabilizar trastornos del ánimo.
La Dra. Eugenia Escorza, psiquiatra de Clínica Dávila, explica: “Durante este periodo, suele aumentar la frecuencia de consultas y atenciones de urgencia por desestabilizaciones de cuadros de base como el trastorno bipolar. El ajuste normal suele durar una o dos semanas y, aunque puede haber cansancio, cambios de humor o alteraciones leves del sueño, la persona mantiene su funcionamiento habitual. En cambio, conviene consultar cuando los síntomas duran más del periodo mencionado o son muy intensos”.
La presión arterial también puede variar
El Dr. Alberto Barría, jefe de Cardiología de Clínica Dávila Vespucio, aclara: “Con la llegada de la primavera, es esperable que los pacientes hipertensos presenten variaciones en sus cifras de presión por los cambios de temperatura. Sin embargo, hay que tener cuidado con la automedicación de antihistamínicos o descongestionantes para tratar las alergias, ya que varios de estos fármacos pueden elevar la presión arterial y la frecuencia cardíaca”.
Efectos en la piel
La Dra. Carolina Sepúlveda, dermatóloga de Clínica Biobío, advierte: «La piel no entiende de estaciones por el calendario, sino por los cambios reales que percibe como temperatura, humedad, viento y radiación UV. Cuando llega la primavera, la exposición solar aumenta progresivamente, pero muchas personas todavía mantienen su rutina de invierno, pensada para el frío y la piel más seca. Esa desconexión hace que la piel se sienta más reactiva y no responda igual que antes».