Expertos destacan que la educación financiera está avanzando hacia una mirada más integral, donde garantizar nuestros bienes, ahorrar de manera constante y diversificar las inversiones ayudan a enfrentar el futuro con mayor tranquilidad.
En todo escenario económico, proteger el patrimonio es un elemento clave de la planificación financiera. De acuerdo con la primera edición del estudio MKT Beat de Ipsos Chile, publicado en julio de 2026, “tener dinero en caso de un imprevisto” es el principal motivo de ahorro voluntario en el país, con un 44% de las menciones. Entre las situaciones que las personas buscan enfrentar destacan los gastos médicos por accidentes o enfermedades graves (66%) y una eventual pérdida del empleo (55%).
En este contexto, Roberto Urmeneta, gerente de Inversiones y Tesorería de Reale Seguros, y Javier Salinas, economista jefe de Larraín Vial Research, plantean que una estrategia financiera de largo plazo debe comenzar por proteger lo construido, para luego avanzar hacia el ahorro y la inversión. “El primer pilar, que es el más importante de todos, es un pilar de protección. Uno tiene que aprender primero a proteger los bienes que uno tiene, por ejemplo con un seguro”, afirma Urmeneta.
Esta protección resulta especialmente relevante ante situaciones como filtraciones, inundaciones, incendios, daños a terceros o desperfectos de artefactos por cortes eléctricos, que pueden generar gastos imprevistos y afectar directamente los ahorros. Con coberturas adecuadas las personas enfrentan eventos sin comprometer su patrimonio familiar. Si bien el seguro automotriz está ampliamente incorporado, aún existe espacio para extender esta lógica a otros bienes y riesgos. “Hay muchos otros seguros que uno podría tomar para proteger los bienes que uno tiene”, sostiene el ejecutivo de Reale Seguros
El segundo pilar es el ahorro. Urmeneta sugiere iniciar, aunque sea con montos pequeños, y mantener la constancia: uno debería comenzar siempre a guardar aunque sea 50 mil pesos. Con este hábito se aprovecha el interés compuesto, construyendo gradualmente recursos para objetivos de mediano y largo plazo”. En esa línea, Salinas, releva la importancia de contar con un “colchón” financiero para enfrentar los distintos shocks que pueden surgir a lo largo de la vida.
El tercer componente, en tanto, es la diversificación; distribuir los recursos entre distintos activos reduce la exposición al riesgo de concentrar el patrimonio en un solo instrumento. “La diversificación es fundamental a la hora de tomar decisiones de inversión”, afirma el experto de Larraín Vial Research. En este ámbito, existen alternativas como fondos balanceados y otros vehículos que permiten acceder a portafolios diversificados y delegar parte de las decisiones en profesionales. También han surgido opciones vinculadas a sostenibilidad, como fondos y ETF asociados a compañías y proyectos relacionados con energías limpias.
Sintetizando, los especialistas proponen una estrategia de largo plazo basada en protección, ahorro, interés compuesto y diversificación, en lugar de intentar anticipar los movimientos del mercado.