La innovadora propuesta, que combina sensores de acelerometría y modelos predictivos para detectar filtraciones sin intervenir las redes, llevó a los jóvenes a convertirse en finalistas del Desafío Futuro Copec-Avonni, en la categoría “Cambio climático, resiliencia y transición energética”.
Detectar microvibraciones y filtraciones de agua de manera no invasiva, mediante modelos predictivos basados en deep tech y sensores de acelerometría, es la solución desarrollada por estudiantes de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), quienes participan como finalistas en el concurso Desafío Futuro Copec-Avonni, que se realizará el 1 de octubre.
El equipo está integrado por Nikolai Navea, alumno de Ingeniería en Biotecnología, junto a Daniel Miranda, José Lara, Lucas Erazo y José Villamayor, todos de Ingeniería Civil Informática de la PUCV. Los estudiantes compiten en la categoría “Cambio climático, resiliencia y transición energética” con una propuesta que busca reducir –a gran escala– el desperdicio de agua, los costos operativos y las pérdidas del recurso hídrico.
El proyecto aborda uno de los principales desafíos que enfrenta el sistema de distribución de agua potable en Chile: las empresas sanitarias pierden, en promedio, un 32% del agua ya tratada debido a filtraciones en las redes de distribución secundaria antes de que llegue a los hogares.
La iniciativa surgió en las aulas, específicamente en la asignatura de Negocios, Innovación y Emprendimiento, dictada por las profesoras Dayan Echeverría y Pamela Hermosilla. Consultada sobre su rol como mentora del proyecto, esta última señaló: “Nuestra misión es acompañar y orientar este proceso, entregando herramientas, retroalimentación y espacios para que los estudiantes tomen decisiones. Buscamos que se apropien de sus ideas, confíen en sus capacidades para desarrollarlas y proyectarlas más allá de la asignatura, identificando oportunidades para darles continuidad y avanzar hacia nuevas etapas”.
Pérdida de agua potable: un problema global
El proyecto surgió tras un proceso de búsqueda y reflexión por parte de los estudiantes, quienes inicialmente evaluaron distintas problemáticas antes de definir el desafío. Fue así como identificaron en la pérdida de agua potable un problema de alcance global y, particularmente, relevante para Chile.
«Necesitábamos plantear una solución deep tech para resolver una problemática de nuestra elección. Ello nos llevó a un problema global: el agua como uno de los recursos naturales más preciados en los últimos tiempos. Creemos firmemente que los recursos hídricos, especialmente en Chile, son cada vez más escasos e importantes”, explicó el estudiante Nikolai Navea.
Agregó que este tipo de propuestas son parte del avance crítico de la industria para facilitar la toma de decisiones y mejorar la eficiencia operativa de las empresas. “Nuestro objetivo va mucho más allá de un tema económico; buscamos principalmente ayudar a nuestra comunidad y a un país que atraviesa una megasequía. La desertificación avanza a pasos agigantados, por lo que es vital que existan estas tecnologías», afirmó.
Por su parte la académica Pamela Hermosilla, sostuvo que la generación de estas instancias formativas tiene un valor relevante, porque permite que los estudiantes trasciendan los límites de su propia disciplina y apliquen sus conocimientos a problemáticas reales.
“Fomentan que el aprendizaje no termine necesariamente con la aprobación de una asignatura. Cuando un proyecto tiene potencial, estos espacios pueden convertirse en un punto de partida para nuevas etapas de desarrollo, vinculando la formación académica con los ecosistemas de innovación y emprendimiento de la propia Universidad y, eventualmente, con actores externos”, puntualizó la académica.