Jóvenes del Colegio Diego Echeverría ponen sus conocimientos técnicos al servicio de 30 personas mayores acompañadas por Hogar de Cristo en Aconcagua Sur. Reparan instalaciones eléctricas principalmente, en una experiencia que transforma tanto las viviendas como el aprendizaje de los propios estudiantes.
Por María Teresa Villafrade
Hay cosas que difícilmente se aprenden en un libro. Una de ellas es lo que significa mejorarle la vida a otra persona con las propias manos.
Lo están descubriendo estudiantes de tercero y cuarto medio del Colegio Diego Echeverría de Quillota, quienes durante septiembre comenzaron a trabajar en las casas de 30 personas mayores acompañadas por el Servicio de Apoyo Domiciliario de Hogar de Cristo en Aconcagua Sur.
Organizados en cuadrillas, los jóvenes reparan principalmente instalaciones eléctricas y aportan materiales para mejorar cinco viviendas. “Ellos ponen material y mano de obra. En el fondo, para nosotros y para las personas mayores, tiene costo cero”, explica Ximena Ahumada, jefa del servicio de Hogar de Cristo en Quillota.
La iniciativa forma parte de la metodología Aprendizaje + Servicio, que permite a los alumnos aplicar sus conocimientos técnicos a necesidades concretas de la comunidad.
Una casa más segura y digna
La alianza entre Hogar de Cristo y el colegio comenzó en 2012 y se ha traducido en distintas acciones solidarias. Una de ellas es Casa Bonita, proyecto que nació hace tres años y que involucra a los estudiantes en el mejoramiento de viviendas vulnerables.
En Aconcagua Sur, muchas casas fueron autoconstruidas y presentan instalaciones eléctricas deficientes. El año pasado, los alumnos renovaron completamente el sistema eléctrico de dos viviendas. Ahora trabajan en cinco y, además, impulsan la renovación completa de la habitación de una persona mayor, incluyendo piso, paredes, techumbre y electricidad.
“Hoy está en cero y va a quedar en 100”, dice Ximena.
Para Cristián Astudillo, ingeniero eléctrico y docente del Colegio Diego Echeverría, la experiencia permite que los jóvenes conozcan realidades que difícilmente ven en el aula. Antes de intervenir las viviendas, levantan información en terreno, elaboran planos, realizan cálculos y planifican cada trabajo.
Al llegar a las casas se encuentran con cables quemados, instalaciones precarias y situaciones que pueden representar un peligro para sus habitantes.
“Ellos mismos se van dando cuenta y dicen: tenemos que ayudar”, relata Astudillo. Y agrega: “Es un servicio a la sociedad, pero también es un servicio para nosotros, porque los chicos aprenden a ver otras realidades”.
Para Cristian Ignacio Bustamante, encargado de Solidaridad y Medio Ambiente del colegio, el trabajo conjunto con Hogar de Cristo es clave. “El equipo de Hogar de Cristo conoce muy bien a las personas mayores y es vital para establecer un vínculo importante. Acá no se trata de hacer un trabajo caritativo, sino que es un trabajo colaborativo”.
Así, entre cables, herramientas y materiales, los estudiantes descubren que un oficio puede servir para mucho más que ganarse la vida: también puede ser una manera concreta de cuidar a otros.