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Más allá del arañazo: gatos, pulgas y una bacteria que debemos conocer. Por Paulina Sepúlveda, Investigadora de la Facultad de Medicina Veterinaria USS

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En Chile, los gatos se han convertido en parte importante de muchas familias. Un estudio realizado en 2021, estimó que cerca del 30% de los hogares tienen al menos un gato y para muchas personas, estos animales se han convertido en un integrante más de la familia. Esta estrecha convivencia trae numerosos beneficios y también una responsabilidad: cuidar el bienestar de nuestros animales y, al mismo tiempo, prevenir aquellas enfermedades zoonóticas, que son aquellas que se pueden transmitir entre animales y personas. Una de ellas es la enfermedad del arañazo de gato, asociada principalmente a la bacteria Bartonella henselae.

La enfermedad del arañazo del gato es generalmente benigna, se presenta comunmente con fiebre y aumento de los nódulos linfáticos. Sin embargo, un pequeño porcentaje de las personas pueden presentar complicaciones que comprometen otros órganos, incluyendo el sistema nervioso, los ojos, los huesos o el corazón.

El gato doméstico se puede infectar con Bartonella henselae sin presentar manifestaciones de enfermedad, y junto con la pulga del gato, participan en el ciclo y transmisión de esta bacteria. Cuando una pulga se alimenta de un gato que porta la bacteria, puede ingerirla junto con la sangre. La bacteria puede permanecer en el intestino de la pulga y ser eliminada posteriormente en sus heces.

Estas pueden contaminar la piel y, si entran en contacto con una herida, una mucosa o una lesión como aquellas producidas por un arañazo o mordedura, pueden favorecer la infección, de aquí el nombre de enfermedad del arañazo del gato. Sin embargo, debemos considerar que el nombre de la enfermedad no cuenta toda la historia. El arañazo puede ser la puerta de entrada, pero la pulga tiene un papel fundamental en el ciclo de transmisión. Además, se ha planteado que podrían existir otras vías de transmisión asociadas directamente con las pulgas, por lo que no siempre es posible establecer que una persona se infectó exclusivamente a partir de un arañazo de gato.

Tener un gato no significa estar destinado a enfermarse, lo importante es saber que la mejor prevención empieza por cuidar al gato, en este contexto, una de las principales medidas es mantener un adecuado control de pulgas, mediante administración de antiparasitarios externos según las indicaciones de un médico veterinario. También es recomendable mantener controles veterinarios periódicos y procurar que los gatos tengan un ambiente seguro con una crianza idealmente dentro del hogar, lo que disminuye su exposición a pulgas, peleas y otras enfermedades infecciosas que circulan entre gatos.

Por lo tanto, cuidar al gato también es cuidar nuestra salud y al hablar de enfermedades zoonóticas, como el caso de la enfermedad del arañazo del gato, no debería generar miedo o rechazo hacia nuestras mascotas, sino promover una tenencia responsable, donde el mensaje final no debiese ser cuidado con los gatos, sino precisamente el contrario: cuidemos nuestros gatos.

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