Ernesto Gutiérrez perdió progresivamente la vista producto de los años que trabajó como soldador, pero nunca abandonó el oficio al que se dedica desde los 12 años. Hoy continúa reparando motores y vehículos en el taller que instaló en su casa y busca conseguir herramientas que le permitan seguir trabajando de manera más segura.
A los 12 años, Ernesto Gutiérrez comenzó a acercarse al mundo de la mecánica. Era cobrador en los buses del terminal y, mientras trabajaba, empezó a interesarse por las máquinas que veía todos los días. Poco a poco aprendió cómo funcionaban, hasta convertir esa curiosidad de niño en el oficio al que dedicaría toda su vida. “Yo era bien intruso, quería saberlas todas y ahí estaba pegado, hasta que aprendí”, recuerda.
Con los años, aprendió a reparar motores y a realizar distintos trabajos mecánicos. También se convirtió en soldador y llegó a trabajar durante dos años en la Compañía Sudamericana de Vapores, donde realizaba trabajos de soldadura en barcos. Fue durante esa etapa cuando comenzó el problema que cambiaría para siempre su vida.
Más de seis décadas entre motores y herramientas
En los barcos, Ernesto debía soldar los mamparos, las murallas interiores de las embarcaciones. El intenso reflejo de la soldadura terminó afectando gravemente su vista. Hace unos 30 años, los médicos le plantearon la posibilidad de operarse, pero le advirtieron que tenía apenas un 1% de posibilidades de recuperar la visión y que probablemente le quedaban unos tres años antes de perderla por completo.
Ernesto decidió aprovechar ese tiempo para trabajar y dejarles algo a sus hijos. Volvió a concentrarse en su mecánica: compraba autos, los reparaba y los vendía, mientras su visión se deterioraba progresivamente.
“Voy perdiendo la vista de a poquito. Igual que prender una vela y que se va acabando”, explica.
Finalmente quedó completamente ciego. Hoy no distingue ni siquiera sombras y necesita preguntar la hora para saber cuándo levantarse. Pero la pérdida de la visión no significó el fin de su oficio. Ernesto continuó trabajando desde el taller que instaló hace muchos años en su propia casa de Llolleo, donde hasta hoy realiza reparaciones de motores, culatas y distintos trabajos mecánicos.
Sus clientes comenzaron a llegar principalmente por recomendación. La confianza en su trabajo se mantuvo incluso cuando dejó de poder ver. Su ayudante, que trabaja junto a él en el taller, conoce de cerca esa experiencia y destaca la precisión con que Ernesto sigue desenvolviéndose después de décadas dedicado a la mecánica.
Y hay una habilidad que resume buena parte de esa experiencia: Ernesto reconoce las piezas a través del tacto. Puede distinguir un perno de ocho milímetros de otro de diez, identificar las herramientas que necesita y orientarse dentro de un espacio que conoce desde hace años.
Pero continuar trabajando también le ha significado enfrentar nuevos obstáculos. Mientras reparaba una culata de motor, necesitó ir al baño y tomó una dirección equivocada. Terminó cayendo al pozo del taller, accidente que le provocó fracturas en la cadera, el muslo y la pelvis.
La recuperación fue larga y tuvo que volver a aprender a caminar. “Trabajé, luché, luché y luché para caminar. Y aquí estoy caminando solo”, cuenta. Durante ese proceso, asegura que nunca perdió la fe.
Un premio para seguir trabajando
A sus 77 años, Ernesto continúa dedicado al mismo oficio que comenzó a aprender cuando era niño. Sin embargo, las condiciones de su taller se han vuelto más difíciles, especialmente porque algunas reparaciones requieren que baje al sector inferior del garaje.
Por eso, uno de sus principales proyectos es conseguir un alzador de autos, que le permita levantar un vehículo completo y trabajar desde una posición más segura. También quiere cerrar y sellar el pozo donde tuvo el accidente.
Ese proyecto lo llevó a participar en Cumple Tu Sueño 2026, iniciativa de Fundación Banigualdad que busca apoyar los proyectos de sus emprendedores. Ernesto postuló por iniciativa propia, acompañado por su asesora, después de años siendo parte de la Fundación.
Fundación Banigualdad es una organización sin fines de lucro que apoya a emprendedores que no tienen acceso a la banca tradicional mediante microcréditos, capacitación y acompañamiento. En el caso de Ernesto, ese apoyo ya ha sido parte de su camino y le ha permitido acceder a financiamiento para continuar desarrollando su negocio.
Ahora, como uno de los ganadores de Cumple Tu Sueño 2026, Ernesto recibirá un premio de $2 millones, que espera destinar a concretar las mejoras que necesita su taller: cerrar definitivamente el pozo y adquirir el alzador que le permitirá levantar los vehículos y realizar las reparaciones sin tener que exponerse a las dificultades del espacio actual.
Después de más de seis décadas entre motores, herramientas y reparaciones, Ernesto no piensa en dejar de trabajar. Su sueño es mucho más sencillo: tener las herramientas necesarias para seguir haciendo el oficio que aprendió cuando tenía 12 años.