Separar los residuos en la casa puede parecer una decisión que depende principalmente de cuánto nos preocupa el medioambiente. Sin embargo, tener una actitud favorable hacia el reciclaje no necesariamente se traduce en hacerlo. Que sea fácil, saber cómo hacerlo y desenvolverse en un entorno donde esta práctica es valorada pueden resultar mucho más relevantes.
Así lo muestra una investigación publicada en Frontiers in Psychology, en la que participó Franz Carrillo-Higueras, académico de Administración de Servicios de la Universidad de los Andes, junto a Jean Pierre Doussoulin, Fernanda Mera, Alejandra Navarro y Linda Calderon-Vera.
El estudio analizó las respuestas de 302 personas mayores de 18 años de Coyhaique, Panguipulli y Valdivia, ciudades donde los sistemas municipales formales de separación de residuos son limitados o todavía se encuentran en desarrollo.
Los resultados muestran que una actitud positiva hacia la separación de residuos, por sí sola, no fue un factor significativo para explicar la intención de hacerlo. En cambio, adquirieron mayor relevancia el llamado control conductual percibido —es decir, qué tan fácil y posible siente una persona que es separar sus residuos— y las normas sociales, relacionadas con la influencia que ejerce el comportamiento del entorno.
“Muchas veces pensamos que para aumentar el reciclaje basta con generar conciencia ambiental. Pero una persona puede valorar el reciclaje y aun así no separar sus residuos si siente que hacerlo es difícil, no sabe bien cómo hacerlo o su entorno no acompaña esa conducta”, explica Carrillo-Higueras.
El entorno también importa
La investigación muestra que observar que familiares, vecinos o personas cercanas separan sus residuos y valoran esta práctica puede contribuir a aumentar la intención de hacerlo.
Esto pone el foco no solo en las decisiones individuales, sino también en las condiciones sociales y territoriales que facilitan o dificultan transformar una buena intención en una conducta cotidiana.
En ese sentido, el estudio plantea que las políticas destinadas a aumentar el reciclaje domiciliario no deberían descansar exclusivamente en campañas que busquen generar conciencia ambiental. También deben procurar que separar los residuos sea una acción sencilla y accesible para las personas.
El rol de los municipios
Otro de los hallazgos apunta a la importancia de la información. Cuando las personas reciben información clara sobre la separación de residuos, mejora tanto su percepción sobre esta práctica como la confianza en su propia capacidad para realizarla correctamente.
Esto entrega un rol relevante a los municipios, especialmente en comunas donde los sistemas de reciclaje todavía están en desarrollo. Contar con información simple sobre qué residuos separar, cómo hacerlo y dónde llevarlos, junto con infraestructura y sistemas de recolección adecuados, puede contribuir a reducir las barreras que enfrentan los hogares.
“No basta con decirle a las personas que reciclar es importante. También hay que entregarles las condiciones para que puedan hacerlo. Si queremos transformar la intención en una práctica habitual, la información debe ser clara y el sistema tiene que facilitar esa decisión”, señala el académico.
De la intención a la práctica
Los investigadores plantean que estos resultados pueden aportar al diseño de políticas públicas de gestión de residuos, especialmente en un escenario en que Chile avanza en la implementación de la economía circular y la Ley REP.
El desafío, según el estudio, es complementar la educación ambiental con medidas concretas que reduzcan las barreras para separar los residuos: infraestructura accesible, sistemas de recolección diferenciada e información sencilla y permanente para los hogares.
De esta manera, el foco deja de estar únicamente en convencer a las personas de que reciclar es positivo y pasa también por una pregunta más concreta: ¿qué condiciones necesitan para poder incorporarlo realmente a su vida cotidiana?