La iniciativa desarrollada junto a Padel Training Wellness Community de Quillota, permitió reutilizar pelotas que ya no estaban en condiciones de uso deportivo y convertirlas en un recurso para favorecer el bienestar sensorial y los procesos de aprendizaje de sus estudiantes.
Una innovadora experiencia de reutilización está desarrollando el Centro de Educación Integral Los Paltos, a partir de una alianza con Padel Training Wellness Community de Quillota. La iniciativa permitió dar un nuevo uso a pelotas de pádel que se encontraban en desuso, incorporándolas al mobiliario de las salas de clases como parte de una estrategia orientada a generar espacios más confortables para la comunidad educativa.
La directora del establecimiento, Nataly Vergara Silva, explicó que el proyecto nació a partir de una necesidad observada cotidianamente en las aulas y del compromiso de la escuela por generar apoyos que respondan a las características de sus estudiantes. “Nosotros como escuela siempre estamos al pendiente de las alianzas con la comunidad y una de esas alianzas surgió esta necesidad realmente, porque llegaron muchos estudiantes, tenemos un gran número además de estudiantes con discapacidad intelectual, chiquillos con TEA nivel 3, nivel 2, donde muchos de ellos tienen dificultades con el ruido, con lo sensorial”, señaló.
A partir de esta realidad, la terapeuta ocupacional del establecimiento propuso aprovechar las características de las pelotas para intervenir el mobiliario. La solución permitió abordar una situación cotidiana de manera sencilla, transformando un elemento que había terminado su vida útil deportiva en un recurso al servicio del bienestar de los estudiantes.
De acuerdo con Nataly Vergara, los cambios comenzaron a evidenciarse en la dinámica de las salas. “Ha sido de verdad un cambio súper notorio, porque los estudiantes lo agradecen, ya no las hacen arrastrar, no suenan, entonces eso produce de todas maneras disminución de las barreras para nuestros estudiantes”, afirmó. La directora agregó que las desregulaciones asociadas al ruido ambiental disminuyeron considerablemente, generando un impacto positivo en el desarrollo de las actividades educativas.
El proyecto también incorporó activamente a los estudiantes. Fueron ellos quienes participaron en la instalación de las pelotas en las patas de las mesas y sillas, comprendiendo el propósito de la iniciativa y asumiendo un rol en su cuidado. “Ellos entendieron como el propósito de la pelota en el mobiliario y la han cuidado, no se han salido, ellos mismos las pusieron, fue un trabajo en equipo, fue coordinado, así que todos participamos en comunidad”, destacó la directora.
Actualmente, la intervención se encuentra implementada en todas las salas del establecimiento. Para la comunidad educativa, esta experiencia ha contribuido a construir aulas más amigables e inclusivas, beneficiando no solo a estudiantes que presentan una mayor sensibilidad frente a los estímulos sonoros, sino también al conjunto de quienes comparten diariamente estos espacios.
La experiencia se suma, además, a otras acciones de educación ambiental impulsadas por el establecimiento. La escuela desarrolla iniciativas de reciclaje y busca generar oportunidades para que sus estudiantes participen activamente en prácticas de cuidado del entorno. “Siempre estamos buscando como instancia, prácticas institucionales que los chiquillos también puedan ir aportando al medio ambiente”, explicó Nataly Vergara.
Así, la experiencia del Centro de Educación Integral Los Paltos demuestra que las soluciones para mejorar los espacios educativos también pueden surgir de la creatividad, la colaboración y el compromiso de una comunidad. Una pelota que dejó de servir para jugar encontró una nueva función en las aulas, convirtiéndose en parte de una iniciativa que pone el bienestar, la inclusión y el cuidado del medioambiente al servicio de una mejor experiencia educativa.