Primero, quiero saludar a Leonardo Rissetti, jefe de gabinete de la alcaldesa Macarena Ripamonti; a mi diputado Nelson Venegas; a Aldo Valle, PPD; a Jorge Calderón, DC; a Patricio Cerda, PR; a Rodrigo González, PL; a Patricio Hitschfeld, PC; a Javier Alvarado, FA; y a Marcela Varas, nuestra CORE. Saludarlos a todos ustedes, compañeros, camaradas, correligionarios y camañeros o comparadas, como nos decíamos en la Universidad Católica de Valparaíso, en aquellos años, muchas gracias por estar aquí, celebrando los 38 años del triunfo del NO, una fecha tan importante para todo Chile.
Soy de la Generación del 80, y soy parte de quienes participamos de las protestas que hubo entre el año 1982 y 1986, y también soy parte de aquellos que sufrimos después del atentado de 1986 contra Pinochet, que iba a ser un año decisivo, pero que significó una nueva oleada represiva y un Estado de Sitio feroz.
Por ello, en 1987, la oposición de centro-izquierda, definió combatir a la dictadura dentro de su propia institucionalidad y participar de un plebiscito, del cual desconfiábamos, pero que creíamos que podíamos derrotar.
Comenzamos por inscribirnos en los registros electorales. Ayer recordábamos quién había sido que le había dicho a la dictadura que, si seguíamos el proceso, había que tener registros electorales y Tribunal Calificador de Elecciones e inscribir partidos. Así, nosotros conformamos la mayor red de apoderados en todo Chile, para participar de una jornada nacional e histórica, que nos unió de Arica hasta la Antártida, y que definiéramos nuestro voto entre el SI y el NO.
Fui parte de la Red de Voluntarios por la Democracia, recogiendo los datos de cada mesa y llevando la información a los cómputos paralelos que se desplegaron por todo el país. Eso fue fundamental para que pudiéramos tener un resultado que nos permitiera comparar con los datos que se nos empezaban a entregar desde el gobierno.
Además, como jóvenes socialistas fuimos claves para inscribir el Partido por la Democracia, para poder participar de esta iniciativa política, por primera vez en dictadura. De hecho, en febrero de 1988, conformamos “La Concertación de Partidos por el NO”, -antes de la Concertación de Partidos por la Democracia- y ahí se reunieron 17 agrupaciones políticas, había democratacristianos, socialistas de todo tipo, radicales, derecha liberal, humanistas y verdes, todo para rechazar al brutal régimen militar que llevaba 15 años de dolor y muerte y recuperar la democracia. Ese era nuestro objetivo.
¿Qué es lo que hicimos? Una cosa muy sencilla: Salíamos a las calles todos los días, conversábamos con la gente en cada esquina, y acá en Viña del Mar, nos reuníamos en la calle Quinta con la Av. Valparaíso, donde aquí las claves para este proceso -hay que decirlo- fuimos los jóvenes y las mujeres. Y quiero recordar aquí a la querida Laura Soto, una gran defensora de los DDHH, y a aquellas dirigentes del MEMCH´83 de la V Región como Marta Díaz, Nena Rivera, Erika Castro, Meche Córdova, Verónica Eckdall, Yolanda Soto y tantas otras, que nos acompañaron desde el primer día.
En esta región no fue fácil hacer este proceso de inscripción, y no sólo tuvimos la oposición de los sectores más ultras, sino también de nuestros propios dirigentes regionales, que insistían que debíamos inscribir al PS -aunque no se podía- y tuvo que llegar el entonces Subsecretario Nacional del PS Renovado, Jorge Molina Valdivieso, a reunirse con quien era el Subsecretario Regional del PS, Henry Saldívar Canales, e instalarse en Viña del Mar, y gracias a eso pudimos lograr la inscripción de las personas e inscribir al PPD.
Recuerdo algo casi anecdótico, teníamos que instalarnos en algún lado y no teníamos mesas, y recuerdo que mi padre -un capitán de navío en retiro, pero democrático- acaba de llegar de alguno de sus viajes y trajo unas “mesitas plegables” estupendas, y partimos con esas mesas -que después desaparecieron- pero lo más interesante de eso, era que quiénes nos cuidaban eran los carabineros… porque eran ellos quienes tenían que estar al servicio nuestro y cada vez que había algún problema, a ellos los llamábamos, y era muy impresionante ese proceso que estábamos viviendo, en plena dictadura, porque tenían que entregarnos las herramientas porque ellos habían puesto la institucionalidad y no nosotros, que nos plegamos a ella, a la Constitución del 80.
Además, como generación, creo que habíamos aprendido algo que nos costó mucho entender, pero nos dimos cuenta que jamás íbamos a derrotar a la dictadura por las armas, y eso fue brutal, porque durante cuántos años lo pensamos -y por eso hacía mención al “año decisivo”- porque cuántos años pensamos, ingenuamente creo yo, que podíamos derrotar por esa vía a la dictadura… y entonces, ¿cuál fue nuestra decisión? “Lo vamos a hacer, y lo vamos a hacer con un lápiz”. Así de simple y así fue.
Lo que buscábamos era recuperar la democracia, recuperar la República perdida, aquella por la cual Salvador Allende había entregado su vida durante el bombardeo del Palacio de La Moneda, que dio inició a la feroz dictadura militar de Pinochet. Y quiero decir que a diferencia de la generación del 70 que se sintió abandonada cuando Allende se suicidó en La Moneda, nosotros los de la G80 sentíamos que el presidente Salvador Allende había hecho un sacrificio por nosotros, y por eso era tan importante recuperar la democracia, porque era eso lo que estaba en juego.
También, es un orgullo para nosotros, los jóvenes de aquella época, los que votábamos por primera vez, saber que fuimos quienes hicimos la diferencia y alcanzamos una sólida ventaja con un 53,31% frente al 44,34%. Gracias a eso ganamos el Plebiscito, por eso es tan importante destacar el rol que tuvimos los jóvenes en ese tiempo, logrando con eso iniciar la transición a la democracia.
A la dictadura no le quedó otra que indicar que habíamos ganado. Y por eso es tan impactante ver los titulares de los diarios de esa época, y observar como la dictadura, Pinochet y la Junta Militar reconocen que hemos ganado nosotros, en su propia institucionalidad, y abriendo un nuevo horizonte para Chile.
Por eso, el triunfo del 5 de octubre de 1988 fue una hazaña y una gesta que nos volvió a la senda democrática, y que permitió la creación de la Concertación, dando paso a los mejores 20 años de desarrollo y estabilidad en nuestro país, a través de los gobiernos de Patricio Aylwin Azócar, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, Ricardo Lagos Escobar, y Michelle Bachelet Jeria, y eso es así.
El triunfo del NO hizo posible una inédita forma de terminar con la dictadura, y ese aprendizaje de usar las propias herramientas de la Constitución del 80, nos permitieron un cambio político fundamental, del cual debemos sentirnos orgullos como jóvenes de aquellos tiempos por la misión cumplida, y aunque fue una larga y dolorosa lucha, aprendimos para siempre que sin democracia nada es posible.