Con la llegada de la primavera, los días se alargan, aumentan las temperaturas y muchas personas comienzan a disfrutar más de los espacios al aire libre. Sin embargo, para una parte importante de la población esta época también significa el regreso de estornudos, congestión nasal, picazón de ojos y esa incómoda sensación de estar permanentemente resfriado. Son las conocidas alergias de primavera, un problema que adquiere especial relevancia en Chile durante los meses de mayor polinización.
Las alergias estacionales aparecen cuando nuestro sistema inmunológico reacciona de manera exagerada frente a sustancias normalmente inofensivas, como el polen de árboles, pastos y malezas. Al entrar en contacto con ellas, el organismo libera sustancias como la histamina, responsable de gran parte de los síntomas. En Chile, la exposición al polen puede variar entre las distintas zonas del país y según las condiciones ambientales de cada año.
¿Cómo reconocer una alergia y diferenciarla de un resfrío? Los síntomas más frecuentes son estornudos repetidos, secreción nasal generalmente transparente, congestión, picazón de nariz y garganta, lagrimeo y enrojecimiento de los ojos. Algunas personas también presentan tos, cansancio o dificultades para dormir. A diferencia de muchas infecciones respiratorias, las alergias no suelen provocar fiebre y pueden persistir durante semanas mientras continúe la exposición al agente que las desencadena.
Aunque no siempre es posible evitar completamente el contacto con el polen, algunas medidas pueden ayudar. Ventilar la casa en horarios de menor concentración de polen, evitar permanecer innecesariamente en lugares con pasto recién cortado, cambiarse de ropa y ducharse después de pasar mucho tiempo al aire libre, mantener limpios los espacios interiores y utilizar anteojos de sol pueden disminuir la exposición. También es importante evitar el humo del tabaco y otros irritantes, ya que pueden aumentar las molestias respiratorias.
Cuando estas medidas no son suficientes, existen tratamientos para controlar los síntomas, entre ellos antihistamínicos, medicamentos de uso nasal y gotas oftálmicas. Sin embargo, automedicarse no siempre es una buena decisión. La elección del tratamiento dependerá de la edad, los síntomas, su intensidad y los antecedentes de cada persona. Si las molestias son persistentes, interfieren con el sueño o las actividades cotidianas, o aparecen dificultad para respirar, silbidos en el pecho u otros síntomas importantes, es recomendable consultar a un profesional de salud. La primavera no debería convertirse en una temporada que simplemente tengamos que “soportar”. Reconocer los síntomas, conocer aquello que los desencadena y adoptar medidas preventivas puede hacer una diferencia. Hablar de alergias estacionales también es hablar de calidad de vida: pequeños cuidados y un tratamiento adecuado pueden permitirnos volver a disfrutar de una de las épocas más esperadas del año.