En Chile, un 35,2% de los adolescentes presenta síntomas de depresión y un 25,9% de ansiedad generalizada. Especialista explica por qué el malestar no siempre se expresa con palabras y qué cambios deberían observar las familias.
En Chile, un 35,2% de los adolescentes presenta síntomas de depresión y un 25,9% de ansiedad generalizada, de acuerdo con datos recogidos por la Defensoría de la Niñez y UNICEF. En el marco del Día Mundial de la Salud Mental, que se conmemora cada 10 de octubre, especialistas llaman a poner atención a los cambios emocionales y de conducta en niños y adolescentes, considerando que el malestar no siempre se manifiesta de la misma manera ni resulta fácil de reconocer.
“En la infancia, muchas veces el malestar se muestra antes de poder ponerse en palabras. Por eso es tan importante que los adultos podamos observar no solo lo que el niño dice, sino también lo que expresa a través de su cuerpo, juego, conducta y sus cambios en el desarrollo”, explica Mariela Muñoz, psicóloga infantojuvenil de Mindplace IntegraMédica Barcelona.
Según explica la especialista, en los niños más pequeños pueden aparecer episodios de mayor irritabilidad, rabietas más intensas, dificultades para separarse de sus cuidadores, alteraciones del sueño, síntomas físicos recurrentes o retrocesos en su autonomía. En escolares, en tanto, pueden observarse temor o rechazo a ir al colegio, dificultades de concentración, aislamiento, preocupaciones excesivas o pérdida de interés por actividades que antes disfrutaban.
En adolescentes, las señales pueden incluir cambios importantes en el ánimo o el sueño, abandono de actividades, aislamiento, dificultades significativas con sus pares o el colegio y conductas de riesgo. También es importante prestar especial atención a autolesiones o verbalizaciones relacionadas con desesperanza, muerte o no querer seguir viviendo.
¿Cuándo un cambio se transforma en una señal de alerta?
No toda tristeza, rabia, miedo o irritabilidad constituye una señal de alerta. Estas emociones forman parte del desarrollo y, especialmente durante la adolescencia, también pueden existir cambios emocionales, una mayor necesidad de privacidad y una creciente importancia de las relaciones con pares. El principal elemento a observar es si existe un cambio significativo respecto del funcionamiento habitual y cuánto está interfiriendo en la vida cotidiana.
“Yo invitaría a los padres a hacerse preguntas sencillas: ¿esto es muy diferente de cómo era antes?, ¿está sufriendo?, ¿está dejando de hacer cosas que antes podía o disfrutaba?, ¿está afectando su vida familiar, escolar o social? Si la respuesta es sí, vale la pena consultar”, comenta Muñoz.
Observar estos cambios también implica considerar qué está ocurriendo alrededor del niño o adolescente. La familia, los vínculos, el colegio y el entorno social pueden influir en su bienestar emocional: experiencias de exclusión o bullying pueden generar sufrimiento, mientras que una presión académica excesiva puede transformarse en una fuente importante de estrés.
Buscar apoyo profesional tampoco requiere esperar a que exista un diagnóstico o una situación de crisis. “Una consulta no significa necesariamente iniciar una psicoterapia prolongada ni recibir un diagnóstico. A veces unas pocas sesiones de evaluación y orientación a los padres permiten comprender mejor lo que está ocurriendo y generar cambios importantes en el entorno. En la infancia tenemos una ventaja muy relevante: los adultos podemos modificar muchas de las condiciones que rodean al niño”, explica la psicóloga.
En el día a día, construir relaciones de confianza, generar espacios para conversar, escuchar antes de intentar solucionar lo que ocurre, mantener rutinas de sueño, compartir momentos sin pantallas, favorecer el juego y la actividad física y respetar los tiempos de descanso, son algunas de las acciones que las familias pueden incorporar para favorecer el bienestar emocional.
Este acompañamiento también permite a los adultos conocer mejor cómo niños, niñas y adolescentes expresan lo que sienten y reconocer cambios que puedan requerir mayor atención. Identificarlos a tiempo puede facilitar la búsqueda de apoyo especializado cuando sea necesario.