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¿Qué les estamos enseñando a las niñas sobre quiénes pueden ser? Por Verónica Gómez Fernández, Jefa de Programa del Magíster en Intervención Social Con Niños y Niñas de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC)

Los equipos intervinieron el sector adyacente a la planta y al emisario, sumándose a una jornada territorial que permitió retirar más de una tonelada de residuos en la bahía de Quintero y Puchuncaví.

Cada 11 de octubre, el Día Internacional de la Niña nos invita a mirar algo más que las oportunidades que declaramos ofrecer. Nos interpela sobre los mensajes que transmitimos a diario: ¿qué aprende una niña cuando elogiamos su apariencia más que sus ideas, cuando le pedimos ayudar mientras su hermano juega o cuando llamamos “mandona” a quien toma la iniciativa?

Los estereotipos de género se construyen desde edades tempranas. Se aprenden en la observación y la participación en los espacios sociales; conversaciones, juegos, cuentos, aulas y pantallas. No siempre aparecen como prohibiciones explícitas; muchas veces operan como expectativas acerca de lo que una niña debería disfrutar, hacer o llegar a ser y su repetición se puede convertir en una duda o en una frontera social.

Desde la formación de profesionales que intervienen con niños y niñas, resulta fundamental reconocer que estas expectativas se construyen en relaciones y contextos. Las niñas tienen intereses propios y capacidad de cuestionar lo que reciben, pero necesitan entornos que escuchen sus preguntas, valoren sus opiniones y les permitan explorar sin temor a perder la aprobación de quienes las rodean.

Las familias cumplen un papel decisivo. La distribución de las tareas domésticas, quién cuida y quién decide también enseña. Compartir responsabilidades entre adultos, niñas y niños permite mostrar que cuidar, resolver problemas y ejercer autonomía son capacidades humanas. En la escuela, importa observar a quién se invita a liderar, a quién se anima a perseverar y cómo se responde al error. La confianza y colaboración también se educa.

Estas experiencias se vinculan con la elección vocacional. Cuando una adolescente imagina su futuro, lo hace desde un horizonte de posibilidades que ha ido construyendo durante años. La UNESCO advierte que los estereotipos pueden limitar las opciones educativas de las niñas. Asociar la tecnología o la ingeniería con los hombres y el cuidado con las mujeres puede estrechar ese horizonte, incluso antes de elegir una carrera.

Ampliarlo exige ofrecer experiencias diversas y referentes cercanos: científicas, técnicas, artistas, dirigentas y profesionales cuyas trayectorias permitan imaginar otros caminos. También exige valorar las profesiones vinculadas al cuidado y abrirlas a todos. La libertad vocacional supone poder elegir cualquier área sin que el género determine su prestigio, su pertinencia o el derecho a pertenecer a ella.

Como universidad comprometida con el bienestar de la persona humana, tenemos una responsabilidad que comienza antes del ingreso a la educación superior. Podemos revisar nuestras prácticas, acercar diferentes campos del conocimiento a las comunidades y promover una orientación vocacional que interrogue los sesgos. Las oportunidades de las niñas también están atravesadas por el género e interseccionalidad por edad, condiciones económicas, el territorio, origen o etnia, entre otros ejes de desigualdad.

Este 11 de octubre, preguntarnos qué les estamos enseñando requiere mirar nuestras propias acciones. Hay que decirles que pueden ser lo que quieran necesita un respaldo concreto: tiempo para explorar, espacios seguros, oportunidades accesibles y adultos dispuestos a revisar sus expectativas. Las niñas tienen derecho a construir su futuro sin cargar con un guion escrito de antemano. Nuestra tarea es acompañarlas para que su voz tenga lugar en esa construcción.

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