El artista visual porteño lanza “Santos Chávez: el paraíso perdido”, un ensayo que propone una nueva visión sobre la obra del destacado grabador mapuche.
Un paraíso perdido escondido en el sur del mundo y reflejado en la obra del grabador mapuche Santos Chávez: esa es la tesis que nos propone el pintor y escritor porteño Gonzalo Ilabaca, quien lanza su nuevo libro “Santos Chávez: el paraíso perdido”, por editorial Narrativa Punto Aparte.
En este ensayo, Gonzalo Ilabaca recorre la amplia obra del grabador chileno, nacido en Canihual (Tirúa), para descubrir allí la existencia del mito del paraíso perdido, habitado por arquetipos universales como la doncella, el guerrero, el héroe, el pastor y los amantes, todos ellos en íntima comunión con los volcanes, los bosques, los animales, la luna y las estrellas que rodearon la infancia del artista. En esta lectura, Ilabaca propone que la obra de Santos Chávez está marcada por una genuina simplicidad que la vincula con lo natural y lo sagrado.
El libro, cuya edición cuenta con el apoyo del Fondo del Libro y la Lectura 2026, cuenta con numerosas reproducciones de la obra de Santos Chávez a todo color, que fueron seleccionadas por el artista Gonzalo Ilabaca, quien en 2024 ya había sido curador de una exposición sobre esta temática en el Palacio Vergara de Viña del Mar.
“Santos Chávez: el paraíso perdido” será presentado este viernes 16 de octubre, a las 18.00 horas, en la sede de la fundación Santos Chávez, ubicada en Cajilla 811, Valparaíso.
-¿Qué representa el mito del paraíso perdido?
-El mito del paraíso perdido es un relato que la humanidad comparte como legado universal a través de todas las épocas y culturas. Como diría Jung, forma parte del arquetipo del origen y es un tesoro de nuestro inconsciente colectivo.
-¿Cómo se representa este mito en la obra de Santos Chávez?
-Lo más bello es que Santos Chávez cristaliza ese mito en el sur de Chile, en Tirúa, su tierra natal. Es decir, es un paraíso con araucarias de la cordillera de Nahuelbuta, con volcanes, con ríos que llegan al mar, con su flora nativa y fauna y con sus cabritas, que él mismo pastoreaba cuando era niño. Los recuerdos de un niño resucitaron el paraíso perdido en Chile.
-¿Cuáles son los arquetipos que identificas en él?
-En primer lugar están los amantes, luego el héroe (Lautaro), la doncella, el hombre común y corriente (simbolizado en el pastor)…
-Desde la perspectiva de Jung, el paraíso perdido apela a un concepto universal e, incluso, más relacionado con nuestra cultura occidental. ¿Cómo aparece en una cosmovisión de origen mapuche?
-El paraíso de Santos Chávez no tiene la moral del pecado original de la cultura occidental europea. Es un paraíso heredado de la cultura mapuche y en ese contexto es un paraíso donde el ser humano, la flora y fauna, la geografía local, el cosmos (la luna, el sol) están todos en el mismo plano y en eterno goce (incluido el héroe guerrero de Lautaro). No es un paraíso antropocéntrico sino biocéntrico y es por eso que esa cabrita saltando adentro del sol es una imagen tan potente y única. Es un paraíso arcaico y pagano donde hombre y naturaleza son lo mismo. No hay moral, no hay pecado, no hay “algo separado del todo”.
-En el libro aparece una vinculación con la poesía de Teillier, que también apelaría a un paraíso perdido, ¿cómo se expresa este vínculo entre ambas obras, una en poesía y otra en grabado?
-Relacionarlos a ambos es una de las virtudes de este ensayo. No hay distancia alguna entre los dos poemas de Teillier seleccionados y las imágenes de Santos que escogimos para esos poemas. Son el uno para el otro. Ambos se relacionan a la niñez para tener acceso al mundo mágico de esos “otros mundos que están en este”, según Paul Éluard, porque “la verdadera patria es la infancia”, como diría Rilke. Teillier y Santos recurrieron al alcohol para protegerse del mundo exterior, en ambos se funden lo lárico y lo mítico de la frontera. En este ensayo no solo se unen Teillier y Santos Chávez, sino también Jung, pues ambos artistas representan también al arquetipo del loco -si los miramos a bien-, porque vivir en el mito en esta época es realmente una locura, con sus consecuencias bellas y trágicas.
-¿Cómo llegaste a la idea de identificar arquetipos míticos en Santos Chávez? ¿Eras un estudioso o conocedor de su obra? ¿En qué momento vislumbraste esta conexión y cómo nació la idea de llevarla a una exposición y luego a un libro?
-Prácticamente no conocía la obra de Santos. Todo comenzó cuando conocí a Juan Pablo Scarella, quien preside la Fundación Santos Chávez, en el barrio de la Matriz a raíz de un mosaico que hicimos en el barrio. Le dije que hiciéramos un mosaico en el frontis con una obra de Santos. Para eso tuve acceso a su obra y ahí me di cuenta no solo de su belleza y simplicidad, sino de que había el mito del paraíso perdido en esa obra. Eso de ser un artista mítico es algo único en el arte latinoamericano. Entonces comencé a estudiar su vida y obra, y de ahí salió una exposición donde fui el curador, y luego este libro. Fue un circuito virtuoso porque algo efímero (una exposición) se cristalizó en un libro que permanecerá en el tiempo.
SOBRE EL AUTOR
Gonzalo Iabaca (Concepción, 1959), pintor autodidacta radicado en Valparaíso desde 1990, ha generado una vasta obra personal, alejada de la academia y las vanguardias. Es autor de los libros Valparaíso Roland Bar, puerto de la fama y el olvido (2014), El último día del año (2016), Valparaíso de noche y las siete vidas de Eugenio Carramiñana (2021), Dónde está el mar, antología póstuma de Valparaíso (2022) y Valparaíso para principiantes y moribundos (2023). Dirige la casa-museo El Submarino Azul, en Playa Ancha. En 2007 fue declarado Ciudadano Ilustre de Valparaíso.
Santos Chávez Alister (Canihual, 1934 – Viña del Mar, 2001), artista grabador chileno de origen mapuche, autor de una amplia obra que desarrolló principalmente en la técnica de xilografía. Estudió en el Taller 99 de Santiago, invitado por Nemesio Antúnez, y luego en México y Estados Unidos. Tras el golpe de Estado se trasladó a Europa e instaló su taller en la República Democrática Alemana. Obtuvo el Premio Andrés Bello de la Universidad de Chile (1966), el Primer Premio en la III Bienal Americana de Grabado (1968), el Premio de Adquisición del Museo de Brooklyn (1970) y el Premio Altazor en Dibujo y Grabado (2000). Su obra es custodiada actualmente por la Fundación Santos Chávez.