Académica de Psicología de la Universidad Andrés Bello explica que detrás de las burlas hacia las víctimas existen fenómenos como la deshumanización, el resentimiento social y la denominada Schadenfreude, o satisfacción ante el sufrimiento ajeno.
Las intensas reacciones que surgieron en redes sociales tras la emergencia que afectó a vecinos de la comuna de Las Condes volvieron a abrir un debate incómodo: ¿por qué algunas personas responden con burlas, ironías o comentarios agresivos frente al dolor de otros en lugar de mostrar solidaridad?
Para la Dra. Miriam Pardo Fariña, académica de Psicología de la Universidad Andrés Bello, sede Viña del Mar, este fenómeno refleja procesos psicológicos y sociales profundos que van más allá de una simple falta de sensibilidad. «Las burlas frente al sufrimiento ajeno revelan la dificultad para reconocer al otro como un semejante cuando se lo identifica con un grupo social hacia el cual existen sentimientos de hostilidad, envidia, resentimiento o rechazo», explica.
¿Las razones?
La psicóloga señala que, desde una mirada psicológica, muchas de estas reacciones pueden entenderse como formas de desplazamiento de la agresividad. «Frustraciones, sentimientos de injusticia o experiencias personales de exclusión pueden encontrar una vía de descarga sobre personas que representan simbólicamente aquello que se rechaza. En estos casos, las víctimas dejan de ser reconocidas en su singularidad y pasan a representar una determinada posición económica o social», comenta.
La académica UNAB agrega que también opera un mecanismo de deshumanización. «Cuando las personas son reducidas a etiquetas como ‘ricos’ o ‘privilegiados’, resulta más fácil desconocer su vulnerabilidad y justificar emocionalmente el sufrimiento que experimentan», afirma.
Asimismo, la Dra. Pardo advierte que algunas publicaciones pueden estar relacionadas con un fenómeno conocido en psicología como Schadenfreude, que corresponde a sentir satisfacción por el infortunio ajeno. Sin embargo, enfatiza que existe una diferencia entre experimentar esa emoción y celebrarla públicamente. «Cuando esa satisfacción se transforma en una celebración del sufrimiento, estamos frente a una expresión particularmente preocupante de deterioro de la empatía, algo que debiera trabajarse desde los hogares y los establecimientos educacionales», sostiene.
Impacto de las redes sociales
La Dra. Pardo explica que las plataformas digitales favorecen este tipo de comportamientos debido al anonimato y a la distancia emocional que ofrecen. «Las redes sociales facilitan un fenómeno denominado desinhibición en línea. Muchas personas expresan agresividad, desprecio o crueldad de maneras que probablemente inhibirían en una interacción presencial», indica.
A su juicio, el anonimato permite exteriorizar emociones negativas sin enfrentar directamente las consecuencias. «Es mucho más fácil esconderse detrás de una pantalla para expresar hostilidad, resentimientos o envidias. Sin embargo, el anonimato por sí solo no explica estas conductas», advierte.
La profesional recalca que la creciente polarización social también desempeña un papel importante. «Se instala una división entre un ‘nosotros’ y un ‘ellos’. Entonces el otro deja de ser visto como una persona con una historia particular y pasa a convertirse en el representante de un grupo considerado adversario», señala.
En ese contexto, la académica UNAB agrega que las desigualdades socioeconómicas históricas pueden alimentar sentimientos de molestia o resentimiento, pero subraya que ello no justifica la crueldad. «Una sociedad puede cuestionar legítimamente los privilegios y las desigualdades sin perder la capacidad de conmoverse ante el sufrimiento de quienes considera privilegiados. La crítica social y la empatía no son incompatibles», afirma.
Riesgo para la convivencia
Más allá de las personas directamente afectadas, la académica advierte que normalizar este tipo de reacciones tiene consecuencias para toda la sociedad. «Para quienes han vivido una emergencia, las burlas pueden transformarse en una experiencia adicional de sufrimiento. A las pérdidas materiales, al miedo y a la vulnerabilidad se suma la sensación de ser ridiculizados justamente cuando más necesitan comprensión y apoyo», explica.
Según la psicóloga, esto puede intensificar sentimientos de angustia, aislamiento, rabia y desprotección, dificultando la recuperación emocional de quienes atraviesan una crisis. Pero el daño también alcanza al tejido social. «Cuando la desgracia ajena se transforma en un espectáculo o en una oportunidad para expresar hostilidad, se debilitan los vínculos solidarios y se erosiona algo fundamental para la convivencia: la capacidad de reconocer nuestra vulnerabilidad compartida», advierte.
Finalmente, la Dra. Pardo hace un llamado a promover una comunicación más reflexiva y empática en los espacios digitales. «La verdadera medida de nuestra empatía no está en cómo reaccionamos ante el sufrimiento de quienes se parecen a nosotros, sino en nuestra capacidad de reconocer el dolor de aquellos con quienes tenemos profundas diferencias. Ninguna diferencia social, económica o ideológica convierte el sufrimiento humano en algo merecido», concluye.